Mayormente va de libros

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jueves, 15 de julio de 2010

Los lectores electrónicos siguen siendo un handicap para la lectura

Traduzco el siguiente estudio que aparece en e-reads.com

Otro estudio sugere que la lectura en pantalla es inferior al aprendizaje con libros.

Otro estudio confirma nuestras sospechas de que leer libros en el ordenador o en la pantalla de un e-reader dificulta el aprendizaje y la retención. Experimentos con niños y colegiales apuntan a la conclusión de que las pantallas digitales resultan más distractoras que sus homólogas de papel.

Ahora, un estudio llevado a cabo por la consultoría de desarrollo de producto Nielsen Norman Group ha cuantificado esas conjeturas. Se pidió a los participantes que leyesen algunas historias de Ernest Hemingway tanto impresas como en una serie de aparatos de lectura digital: un iPad, un Kindle y un ordenador de sobremesa.

Los resultados, tal como cuenta Lauren Indvik de Mashable, fueron esclarecedores: la velocidad de lectura fue un 6,2 por ciento más lenta en el iPad y un 10,7% más lenta en el Kindle. Los participantes se quejaron del peso del iPady de la falta de contraste del Kindle, escribe Indvik. La compresnsión también se vio afectada, especialmente en el PC, con el que los participantes se quejaban de que les recordaba a las lecturas de trabajo.

La muestra era modesta, de unos 24 participantes (Indvik señala que "10 es una media aproximada de los empleados en un estudio de usabilidad) y está lejos de ser cocluyente. Pero las indicacioens son preocupantes: "Puedo imaginar a las universidades y negocios con menos simpatía por los e-readers si otros estudios prueban que suponen una rémora para la velocidad de lectura." Dice Indvik. Esto llega justo en el momento en el que las escuelas y las instituciones consideran cambiar del apel a los libros de texto digitales.

viernes, 2 de julio de 2010

Das cousas de Ramón Lamote

Como todo el mundo sabe, hay dos tipos de literatura infantil y juvenil, a saber: la buena y la mala. Esta misma división la tenemos en otros muchos casos, se da en la literatura adulta, por ejemplo, y también en las películas de kung-fu o en las técnicas de agrimensura.

Estos dos tipos de literatura, no son la literatura infantil por un lado y juvenil por el otro, claro, porque la literatura infantil y juvenil, como todo el mundo sabe también, son una sola literatura, la literatura que se escribe para un otro que no se considera un igual. Esto no quiere decir que la literatura infantil y juvenil sea la que se escribe para alguien que se considera inferior. Al menos no necesariamente. Quizás la verdadera distinción entre los dos tipos de literatura infantil y juvenil esté ahí, entre la que se escribe pensando en el niño -o joven- como un individuo inferior, un individuo por desarrollar para quien la literatura adulta -que pasaría a ser la literatura "de verdad"- es cualitativamente inalcanzable y la que se escribe pensando en el niño como una otredad totalmente particular. Un individuo en desarrollo, sin duda, pero cuya literatura específica atiende menos a esa particularidad que al ser que el niño ya es y que se mueve con códigos particulares que no sólo nos incumben por ser suyos, sino porque también han sido nuestros.

Recuerdo una frase de Bolaño que un día se quedaba asombrado delante de un niño que llora, y de quién sospecha -muy poeta él- que quizás sabe algo que nosotros hemos olvidado.

La mejor literatura infantil (es una opinión, claro) se puede dividir a su vez en la que tiende a la crueldad y la que tiende a la ironía. Normalmente la crueldad es más sutil que la ironía y es que, ahora que lo pienso, la palabra correcta no es crueldad, sino brutalidad, que es algo muy distinto. La brutalidad nunca es redundante ni repetitiva y la crueldad siempre es al menos una de las dos cosas. De hecho, la brutalidad redundante y repetitiva es una definición bastante aproximada de crueldad.

Contra lo que pueda pensarse, por lo general, la literatura infantil irónica suele ser más adecuada para edades más avanzadas. Es lógico, si se piensa, en cuanto que la ironía exige una articulación del sentido que no está en la brutalidad. Por supuesto, los grandes libros infantiles crueles son también los más irónicos y ahí están los Dähl, Sendak o Carroll.

Mi imaginario de literatura infantil y juvenil está condicionado por una colección de libros que había en mi casa titulada "Biblioteca de literatura infantil y juvenil" y que incluía a Twain, Quiroga, Daudet o Von Chamisso. Para mí estos han quedado como los libros infantiles por antonomasia, con solo dos añadidos: Goscinny -que lo conoce todo el mundo- y Paco Martín -que se le conoce mucho menos y es una pena, la verdad.

Paco Martín es un escritor gallego, de Lugo, además. Tiene una obra pequeña, de libros delgados y más de un personaje genial, aunque el que más destaca es Ramón Lamote, el protagonista de Das cousas de Ramón Lamote, que es uno de esos libros que todo niño o joven debería leer antes de olvidar algunas cosas importantes.

Ramón Lamote trabaja como profesor de un idioma inexistente, el Chairego. Terra Cha es una zona de Lugo y no sé si es intencionado o no, pero que un profesor lucense enseñe Chairego suena un poco como si un profesor madrileño enseñase Sierragrediano o un francés tuviese una licenciatura de Champagnés. Para complementar su salario se dedica a dibujar sueños. Pero Ramón Lamote no dibuja sueños algodonados ni fantasías moralistas. Tampoco pesadillas terribles. Ramón Lamote dibuja, más o menos, lo que le va saliendo, lo que va soñando, y lo dibuja con un desapego casi cínico y casi nihilista que, si uno lo piensa bien, está a punto de dar un poco de miedo.

Pero Ramón Lamote no da miedo en absoluto. Ramón Lamote simplemente es un hombre tranquilo, educado, que en un capítulo, puede pasarse media hora hablando con una señora gruesa que se ha sentado en la escalera que Don Ramón tiene que subir, sólo porque Ramón Lamote es un hombre tranquilo y educado al que le incomoda llamar la atención a la señoras gruesas sobre el hecho de que están bloqueando algunas escaleras importantes. También es capaz de calcular la aparición del legendario Replicante, una criatura que sólo aparece cada mil años.

El libro está compuesto, en realidad, de varias anécdotas que le suceden a Ramón Lamote en su vida ordinaria. Lo mejor del libro es, quizás, el diálogo irónico y mudo que se establece entre la voz narradora y el propio Ramón Lamote, que se burlan de la presunción con una sencillez lúcida y surrealista que, a mí, siempre me ha recordado un poco a algunos relatos de Woody Allen.

No sé si el mejor, pero creo que sí el más representativo, es el capítulo en el que Ramón Lamote se ve obligado a improvisar una conferencia completa en un local que, tendría que revisarlo, creo que se llamaba algo así como "el círculo de mujeres elegantes". Puede que me esté inventando el título, pero si alguien lee el título comprobará que esto no es culpa mía. El caso es que el bueno de Ramón Lamote se ve obligado a improvisar una conferencia completa que no ha preparado y, claro, en el apuro no se le ocurre otra cosa que inventar un animal fabuloso, totalmente inventado, al que llama "entomodelfo" y cuya descripción empieza así:

"o Entomodelfo, coñecido científicamente como Marsupictero Marsupictero, é un animal do que non sería esaxerado decir que é algo desgraciado nos seus primeiros tempos de vida se temos en conta que a nai, despois de poñer o único ovo cuatrienal (como ben saben vostedes non ten máis posibilidades de posta que o 29 de febreiro) vese instintivamente forzada a emigrar ó sudoeste asiático confiada en recuncar se se desen ben certas diferencias de calendario, polo que deixa a cría abandonada á súa sorte. Isto supón o primeiro trauma para o Entomodelfo, xa que a falla da nai e particularmente magoante, dada a súa condición de mamífero. […]"

La conferencia es divertida de por sí, pero lo característico del mundo de Lamote es el detalle final, cuando, al terminar la charla, una niña se acerca a nuestro conferenciante con un animal extraño y hermoso entre las manos, y a Ramón Lamote no le queda otra que reconocerlo como el entomodelfo más hermoso que haya visto jamás.