Mayormente va de libros

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jueves, 30 de septiembre de 2010

Esto ya lo hizo Sterne

Pero Sterne se tomó la molestia de escribir unas quinientas páginas más. Está muy vaga la gente.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

Mourinho cae mal


Y a mí me importa un comino escribir que Mourinho cae mal, porque es que a Mourinho también caer mal le importa un comino. Además, dudo mucho que se acerque a leer este blog alguna vez, aunque tampoco es del todo imposible, porque yo creo que Mourinho es de esos que, como dicen los americanos, se googlelizan (o algo así) para ver qué se cuece o, mejor aún, cómo se cuecen ellos mismos en internet.

Que Mourinho cae mal está claro, pero no sé yo a qué viene cebarse con él en los periódicos, ya no a nivel discursivo, sino incluso utilizando las traidoras artes de la maquetación subliminal. Esta es la imagen que corresponde con una noticia de hoy en El País digital:

Mírela usted y dígameluego si no hay recochineo para una noticia que, más o menos, trata de algo que dijo Pellegrini hace unos cuantos meses y que tiene que ver con los goles que ha metido el Madrid la presente temporada, que es un dato que se ha repetido esta semana, al menos, dos billones y medio de veces. Vamos, que noticia noticia, no hay mucha, y si la hay no es de las frescas, pero a falta de noticia lo que sí hay es mala baba, y bastante, porque hay que tener mala baba para conseguir juntar, en el espacio de una pantalla, el nombre de Pelegrini, una foto de Mourinho haciendo aspiraciones para que lo ingresen en un frenopático -cierto que casi todas las fotos de Mourinho son de ese estilo-, otra de Higuaín desconsoladísimo -o quizás muerto, no está claro- y un vídeo del amigo Josep con cierta cara de contemplar con recochineo todo este asunto.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Así se sacan las cuentas


Es una opinión personal, pero a mí este gráfico me ha parecido divertidísimo.


jueves, 23 de septiembre de 2010

Tumbas de poetas

Hay que desconfiar, por principio, casi diría que por reflejo, de la gente que escribe libros sobre poetas. Conste que lo digo sin ningún tipo de ironía. Si ve usted a alguien escribir sobre poesía (y escribir poesía ya ni le cuento) cambie de acera, esconda a sus hijos, encierre el ganado. Cumpla, en definitiva, los principios básicos a seguir en caso de razia moruna o ataque nuclear, porque ese individuo, está claro, no pertenece a este planeta. Su reino no es de este mundo, como decía aquel, sólo que aquel era un tipo más o menos razonable y calmado (salvo algún que otro ramalazo que quiso dirimir precisamente a ramazo limpio) que son características que no hay que dar siempre por supuestas en alienados ni poetas.

Uno coge un libro titulado, precisamente "Sobre tumbas de poetas" y más o menos puede echarse a temblar. El autor, Cees Nooteboom, tampoco es demasiado famoso en España, aunque tiene un cierto cartel a nivel internacional. Cada año, cuando empiezan a sonar las candidaturas al novel, sale el nombre del señor Nooteboom, aunque es verdad que suele salir dentro de una categoría propia, la de aquellos a los que más o menos se sabe que no les van a dar el novel, pero veremos qué pasa el año que viene. El gran dominador de esta categoría, claro, es Philiph Roth, que es como el Nadal de esta competición paralela.

El señor Nooteboom, aparte de por su candidatura novelesca de hoja perenne es un tipo conocido internacionalmente por varias características que enunciamos a continuación:

1-El nombre de Cees Nooteboom es absolutamente imposible de escribir a la primera. Siempre se falla, al menos un par de veces, en el número de vocales.

2-El señor Cees Nooteboom es un señor que, aparte de escribir de poesía -que da mucho miedo- escribe mucho sobre viajes -que ya es algo más alentador-. No hay tantos escritores que hayan conseguido prestigio internacional escribiendo sobre viajes. Normalmente estas cosas se consiguen -o se intentan conseguir- escribiendo libros de cuantrocientas páginas sobre escritores frustrados que trabajan como profesores frustrados y consideran que es absolutamente necesario comunicarle al mundo sus reflexiones acerca de que vivimos en un mundo de mierda y sobre las mujeres que no han querido bailar con él quince años atrás. Respecto a esto, aunque sé que es divagar, creo que le haríamos un gran servicio a la literatura universal con una propuesta de ley según la cual estuviese prohibido escribir una novela de más de quinientas páginas de cuyo protagonista no pudiésemos sospechar cabalmente que sea capaz de desmontar una caja fuerte con un destornillador.

3-El señor Cees Nooteboom parece tener la habilidad de conseguir amigos interesantes. Esto puede ser bueno o malo. Escribir sobre los amigos que uno tiene es como bailar: no basta con saber hacerlo, sino que además esa capacidad debe parecer innata. En el caso del señor Nooteboom la habilidad no está del todo mal conseguida, aunque a veces sí parece que se ven algunos hilillos.

4-El señor Cees Nooteboom tiene como principal virtud literaria la competencia a la hora de crear pequeñas intrigas entre las frases. A veces la cosa le queda un tanto epigramática. El señor Cees Nooteboom juega en corto, juega al toque y al pie. Desde que España ganó el mundial de fútbol suponemos -lo veníamos intuyendo desde el Barça de Guardiola- que esa es la forma correcta de jugar, pero lo cierto es que esto no está tan claro. No está tan claro en el fútbol y, sobre todo, no está tan claro en los libros, que, claro, no son exactamente igual que el fútbol, por lo menos algunas veces.

En los libros -en el fútbol no me meto, que ya son cuestiones serias- a veces no se trata tanto de jugar bonito o de ganar -de hecho, nunca se trata de ganar, porque aquí ganar es imposible- sino de quedar extenuado, con la lengua fuera, con las piernas acalambradas y los pulmones ardiendo hasta caer sobre el cesped con los brazos en cruz.

Insisto, esto sólo es así a veces, pero cuando pasa casi siempre merece la pena.

El caso es que el señor Nooteboom, por todo lo que acabamos de decir, se ha ganado el derecho a escribir un libro de viajes y de poesía. Un libro que tiene dos cosas buenas y una tercera, que es la mejor. Una cosa buena es que nos descubre a autores imprevistos, de esos que están en lo que Even Zohar llamaría "sistemas culturales diferentes" y que básicamente es el país que no habitaremos los que no tenemos ni la menor idea de holandés y no sepamos más que los números en alemán. La otra cosa buena es que contagia una cierta sensación de ternura por la poesía y, por extensión, por los poetas. Nosotros somos gente cultivada. Sabemos, por tanto, que los poetas, sobre todo los grandes poetas, son por lo general una de las razas más deleznables de la tierra. Insisto, en que todo esto está dicho sin ninguna ironía. Si usted lo cree así, le recomiendo que visite alguna que otra biografía de poetas conocidos. Le garantizo que no tardará en hacerse con una panoplia completa de barbaridades e hijoputadas que van de lo chusco a lo grotesco. Si no tiene usted mucho tiempo, le recomiendo que empiece por Valle. Como se reirá usted un rato -porque la verdad es que el cabrito tenía gracia- le sugiero que piense usted en lo que sería tener a semejante elemento de vecino.

Lo mejor del libro de Nooteboom es que no trata de poetas muertos, sino de tumbas de poetas, que, claro, es mucho más alegre. Las tumbas, ya se sabe, son un monumento a la contradicción, por aquello de que se hacen para los muertos, pero sólo sirven para los vivos. Si uno lo piensa, el mundo está lleno de cosas que se hacen para un sujeto, pero tienen a otro como destinatario final. Así a bote pronto, se me ocurren, por ejemplo, las balas, la lencería fina, las biografías, las biografías no autorizadas y las autobiografías no autorizadas. Esto de escribir sobre tumbas y no sobre muertes, se traduce en un libro a ratos vitalista, a ratos divertido, aunque nunca demasiado.

Hay muchas anécdotas que merece la pena leer. Tengo debilidad por la de Bioy, que no sé por qué sigue sin llegar a tener ese reconocimiento como uno de los más grandes escritores del S XX. La sombra de Borges es alargada, supongo. El caso es que me encanta esa imagen de Bioy, anciano que habla de la novela que quiere escribir aunque no llegará a hacerlo. "Tratará de una isla, otra vez" le dice Bioy al señor Nooteboom. Es la última vez que se ven, es la última vez que hablan. Bioy le dice "tratará de una isla" y se ríe, y el señor Nooteboom se va, y Bioy se queda y se muere, no en el momento, sino poco después, pero se muere, así que lo último que Bioy le dice al señor Nooteboom es aquello de "tratará de una isla" y cualquiera que haya leído La invención de Morel como lo que es: una novela perfecta -para lo bueno y para lo malo, aunque tiene más de bueno que de malo- tiene que darse cuenta de lo que significa algo así.

Decía que el libro es a veces vitalista, a veces hasta divertido. En realidad, para cualquiera de las dos cosas, nunca lo es demasiado. Desde luego, nunca grotesco, porque el señor Nooteboom es un hombre demasiado serio para eso. Nada que reprochar, aunque a veces se hecha de menos un poco de más mala leche o un ánimo un poco más rupturista, porque, ya que tenemos las tumbas a lado, a veces uno tiene la tentación de pensar que sería divertido ver al señor Nooteboom -que, insisto, da la impresión de ser un hombre serio- bailando un fox-trot sobre una lápida o echando una partida de cartas sobre el tejado de un mausoleo.

Pero la cosa no pasa así y quizás esté bien que así sea.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Historia Argentina- Rodrigo Fresán


Historia Argentina es el primer libro de ficción publicado por Rodrigo Fresán. Allá por 1991, cuando Fresán era un individuo más bien incalificable, que cultivaba esmeradamente una imagen de desaliño inclasificable. Al menos yo me lo imagino así. Por fotografías, por entrevistas, me lo imagino así: implacable, desmañada y atildadamente inclasificable. Yo por sus libros me lo imagino así.

Fresán es, sin duda, uno de los escritores más importantes de la literatura en lengua castellana. Uno de esos escritores que, si tuviése que hacer diez listas a vuelapluma con los diez escritores que escriben hoy en español y que todo el mundo debería leer estaría en nueve de cada diez listas realizadas. Dicho de otra manera, es un escritor que hay que leer, siempre, pero a veces nos olvidamos un poco de que está ahí. Quizás porque no todo lo que ha escrito ha estado siempre a la altura de su borgesianísima ambición.

Historia argentina es un libro sobre la historia de Argentina, claro -nada que objetar- pero es también un libro sobre la historia literaria Argentina.

A primera vista, ni una ni otra cosa resultan del todo evidentes. A primera vista lo que tenemos es una colección de relatos que, como un desafío, Fresán encabeza con el más marciano de todos ellos "Padres de la patria", sobre dos gauchos que cruzan el territorio virgen de la pampa mientras uno de ellos pronuncia sentencias filosóficas -sentencias sobre la vida, sobre la muerte, sobre Maradona...- y su compañero las va escribiendo en todos lados, en papeles, en hojas, sueltas... incluso en los flancos de su caballo, que al principio es blanco pero se va volviendo negro de polvo y tinta. Nos damos cuenta de que uno de los dos gauchos, porque no escribe, pero es filósofo, porque lleva en la espalda una cruz, porque tiene un discípulo que anota su evangelio, por todo esto nos damos cuenta que uno de los dos gauchos es como Jesucristo, o como Sócrates. Que es un fundador y que lo que funda es algo más que una tierra, es una religión o una filosofía: una forma de ver el mundo. Nos damos cuenta de que los dos gauchos son los creadores de lo que, para Fresán, es un Argentina, que ya aviso ahora que se trata sobre todo de un lector y un escritor y un espectador de películas argentino.

Los dos gauchos deciden emigrar a Europa para montar un espectáculo lúdico-literario sobre el realismo mágico sudamericano. Entonces Fresán se deleita en el viaje. Se deleita no tanto en los preparativos, sino en los sueños del resultado del viaje. El dinero, el éxito en Europa, la felicidad compartida... Fresán se deleita tanto que nos hace pensar que los dos gauchos ya están allí, que lo han conseguido y son felices en Europa, pero el cuento nos reserva una sorpresa final, y es que los dos gauchos no llegan nunca en realidad a cruzar el océano. Su barco se hundió en el océano Atlántico y descubrimos que la historia es en realidad el relato de un grumete, que es el único superviviente en ese barco.

Bienvenidos al circo. Bienvenidos al libro. Bienvenidos a Rodrigo Fresán.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Facebook: la película

A medida que cambia nuestra relación con la informática, con las tecnologías, con internet y con todo ese tipo de cosas que dentro de poco ya no podremos llamar "informática" sin tener la sensación de utilizar un tecnicismo arcaico que constriñe y desnaturaliza la relación de intimidad que tenemos con estos medios -algo así como llamar "red viaria" a las carreteras o "aparato de televisión" a la tele- a medida que esta relación cambia, va cambiando también nuestra relación con los territorios limítrofes de este universo. Con las marcas, por ejemplo.

En pleno estallido del fenómeno Windows, cuando la gente empezó a odiar el monopolio de microsoft, aunque en la mayoría de los casos -en el mío, sin ir más lejos- sin saber muy bien por qué, a nadie se le habría ocurrido hacer una película sobre Windows95. Las marcas, los nombres informáticos, eran conocidos, pero no populares, y desde luego no llevaban consigo esa carga de personalidad que hoy les atribuimos, casi como una parte más de sus logos, como un color corporativo.

Esto no deja de ser una teoría personal, claro. En este blog, una vez, desarrollé la idea -ya digo, personal- de que hay un imaginario colectivo en el que Google es el amigo simpático, que nos ha empezado a dar un poco de miedo desde el día que lo sorprendimos con una cámara apuntando a nuestra ventana. Apple es el tipo molón, el que tiene todo lo que querríamos tener, el que en las películas americanas se lleva a las chicas de calle y conduce un descapotable -en las películas españolas este personaje no existe, y no lo digo como una ventaja del cine español-. Microsoft es el informático de la vieja escuela, antes de que el "nerd" pasase a ser una especie apreciada y Facebook... Facebook es algo raro. Una especie de camello de propósitos oscuros, que aparece en todas las fiestas, o un inventor loco que ha descubierto un proceso para la clonación de androides.

Facebook es una especie de futuro para el que se supone que no estamos preparados y para el que se supone que no queremos estar preparados. Un futuro de interconexión, en el que el valor de la privacidad es distinto, totalmente distinto del que se supone que debería tener, y cuando digo "se supone" no quiero decir "del que sería deseable". Quiero decir que, cuando empezó el boom de las redes sociales, se dijo que no eran un producto que pudiese tener futuro en occidente. Que era algo que gustaba en oriente, en Japón, por ejemplo, en el que hay formas de exhibiccionismo que ya forman parte de la cultura popular. Estaba bien para ellos, pero no para occidente, donde "se supone" que el individuo occidental tiene su privacidad como un valor inviolable.

A David Fincher lo admiro sobre todo por Zodiac, por conseguir hacer una película en la que, bajo la tensión de la historia, está la tensión entre el querer contar una historia y la imposibilidad de hacerlo, sobre todo porque no hay historia que contar, a excepción, claro, de la historia de quien cuenta una historia, que es un tema que creo que ya hace mucho que no da más de sí en la narrativa occidental, aunque, sobre todo en literatura, sigue siendo algo que gusta mucho a los autores de qualité.

No creo que pueda haber un director mejor que Fincher para contar una historia que no debía ser, pero que es. Sería interesante ver cómo contaría esa historia David Lynch, y en mis fantasías sueño con una versión de Wes Anderson y otra de...Kitano, por ejemplo.

Facebook es la historia de una empresa, de un proyecto, de un artefacto que no debía llegar a funcionar, sobre todo porque servir, lo que se dice servir, no sirve para nada, así que hay poco que pueda funcionar ahí.

Y sin embargo, se mueve.