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Mourinho cae mal

viernes, 24 de septiembre de 2010
Así se sacan las cuentas

jueves, 23 de septiembre de 2010
Tumbas de poetas
domingo, 12 de septiembre de 2010
Historia Argentina- Rodrigo Fresán

Fresán es, sin duda, uno de los escritores más importantes de la literatura en lengua castellana. Uno de esos escritores que, si tuviése que hacer diez listas a vuelapluma con los diez escritores que escriben hoy en español y que todo el mundo debería leer estaría en nueve de cada diez listas realizadas. Dicho de otra manera, es un escritor que hay que leer, siempre, pero a veces nos olvidamos un poco de que está ahí. Quizás porque no todo lo que ha escrito ha estado siempre a la altura de su borgesianísima ambición.
Historia argentina es un libro sobre la historia de Argentina, claro -nada que objetar- pero es también un libro sobre la historia literaria Argentina.
A primera vista, ni una ni otra cosa resultan del todo evidentes. A primera vista lo que tenemos es una colección de relatos que, como un desafío, Fresán encabeza con el más marciano de todos ellos "Padres de la patria", sobre dos gauchos que cruzan el territorio virgen de la pampa mientras uno de ellos pronuncia sentencias filosóficas -sentencias sobre la vida, sobre la muerte, sobre Maradona...- y su compañero las va escribiendo en todos lados, en papeles, en hojas, sueltas... incluso en los flancos de su caballo, que al principio es blanco pero se va volviendo negro de polvo y tinta. Nos damos cuenta de que uno de los dos gauchos, porque no escribe, pero es filósofo, porque lleva en la espalda una cruz, porque tiene un discípulo que anota su evangelio, por todo esto nos damos cuenta que uno de los dos gauchos es como Jesucristo, o como Sócrates. Que es un fundador y que lo que funda es algo más que una tierra, es una religión o una filosofía: una forma de ver el mundo. Nos damos cuenta de que los dos gauchos son los creadores de lo que, para Fresán, es un Argentina, que ya aviso ahora que se trata sobre todo de un lector y un escritor y un espectador de películas argentino.
Los dos gauchos deciden emigrar a Europa para montar un espectáculo lúdico-literario sobre el realismo mágico sudamericano. Entonces Fresán se deleita en el viaje. Se deleita no tanto en los preparativos, sino en los sueños del resultado del viaje. El dinero, el éxito en Europa, la felicidad compartida... Fresán se deleita tanto que nos hace pensar que los dos gauchos ya están allí, que lo han conseguido y son felices en Europa, pero el cuento nos reserva una sorpresa final, y es que los dos gauchos no llegan nunca en realidad a cruzar el océano. Su barco se hundió en el océano Atlántico y descubrimos que la historia es en realidad el relato de un grumete, que es el único superviviente en ese barco.
Bienvenidos al circo. Bienvenidos al libro. Bienvenidos a Rodrigo Fresán.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Facebook: la película
En pleno estallido del fenómeno Windows, cuando la gente empezó a odiar el monopolio de microsoft, aunque en la mayoría de los casos -en el mío, sin ir más lejos- sin saber muy bien por qué, a nadie se le habría ocurrido hacer una película sobre Windows95. Las marcas, los nombres informáticos, eran conocidos, pero no populares, y desde luego no llevaban consigo esa carga de personalidad que hoy les atribuimos, casi como una parte más de sus logos, como un color corporativo.
Esto no deja de ser una teoría personal, claro. En este blog, una vez, desarrollé la idea -ya digo, personal- de que hay un imaginario colectivo en el que Google es el amigo simpático, que nos ha empezado a dar un poco de miedo desde el día que lo sorprendimos con una cámara apuntando a nuestra ventana. Apple es el tipo molón, el que tiene todo lo que querríamos tener, el que en las películas americanas se lleva a las chicas de calle y conduce un descapotable -en las películas españolas este personaje no existe, y no lo digo como una ventaja del cine español-. Microsoft es el informático de la vieja escuela, antes de que el "nerd" pasase a ser una especie apreciada y Facebook... Facebook es algo raro. Una especie de camello de propósitos oscuros, que aparece en todas las fiestas, o un inventor loco que ha descubierto un proceso para la clonación de androides.
Facebook es una especie de futuro para el que se supone que no estamos preparados y para el que se supone que no queremos estar preparados. Un futuro de interconexión, en el que el valor de la privacidad es distinto, totalmente distinto del que se supone que debería tener, y cuando digo "se supone" no quiero decir "del que sería deseable". Quiero decir que, cuando empezó el boom de las redes sociales, se dijo que no eran un producto que pudiese tener futuro en occidente. Que era algo que gustaba en oriente, en Japón, por ejemplo, en el que hay formas de exhibiccionismo que ya forman parte de la cultura popular. Estaba bien para ellos, pero no para occidente, donde "se supone" que el individuo occidental tiene su privacidad como un valor inviolable.
A David Fincher lo admiro sobre todo por Zodiac, por conseguir hacer una película en la que, bajo la tensión de la historia, está la tensión entre el querer contar una historia y la imposibilidad de hacerlo, sobre todo porque no hay historia que contar, a excepción, claro, de la historia de quien cuenta una historia, que es un tema que creo que ya hace mucho que no da más de sí en la narrativa occidental, aunque, sobre todo en literatura, sigue siendo algo que gusta mucho a los autores de qualité.
No creo que pueda haber un director mejor que Fincher para contar una historia que no debía ser, pero que es. Sería interesante ver cómo contaría esa historia David Lynch, y en mis fantasías sueño con una versión de Wes Anderson y otra de...Kitano, por ejemplo.
Facebook es la historia de una empresa, de un proyecto, de un artefacto que no debía llegar a funcionar, sobre todo porque servir, lo que se dice servir, no sirve para nada, así que hay poco que pueda funcionar ahí.
Y sin embargo, se mueve.

