
Historia Argentina es el primer libro de ficción publicado por Rodrigo Fresán. Allá por 1991, cuando Fresán era un individuo más bien incalificable, que cultivaba esmeradamente una imagen de desaliño inclasificable. Al menos yo me lo imagino así. Por fotografías, por entrevistas, me lo imagino así: implacable, desmañada y atildadamente inclasificable. Yo por sus libros me lo imagino así.
Fresán es, sin duda, uno de los escritores más importantes de la literatura en lengua castellana. Uno de esos escritores que, si tuviése que hacer diez listas a vuelapluma con los diez escritores que escriben hoy en español y que todo el mundo debería leer estaría en nueve de cada diez listas realizadas. Dicho de otra manera, es un escritor que hay que leer, siempre, pero a veces nos olvidamos un poco de que está ahí. Quizás porque no todo lo que ha escrito ha estado siempre a la altura de su borgesianísima ambición.
Historia argentina es un libro sobre la historia de Argentina, claro -nada que objetar- pero es también un libro sobre la historia literaria Argentina.
A primera vista, ni una ni otra cosa resultan del todo evidentes. A primera vista lo que tenemos es una colección de relatos que, como un desafío, Fresán encabeza con el más marciano de todos ellos "Padres de la patria", sobre dos gauchos que cruzan el territorio virgen de la pampa mientras uno de ellos pronuncia sentencias filosóficas -sentencias sobre la vida, sobre la muerte, sobre Maradona...- y su compañero las va escribiendo en todos lados, en papeles, en hojas, sueltas... incluso en los flancos de su caballo, que al principio es blanco pero se va volviendo negro de polvo y tinta. Nos damos cuenta de que uno de los dos gauchos, porque no escribe, pero es filósofo, porque lleva en la espalda una cruz, porque tiene un discípulo que anota su evangelio, por todo esto nos damos cuenta que uno de los dos gauchos es como Jesucristo, o como Sócrates. Que es un fundador y que lo que funda es algo más que una tierra, es una religión o una filosofía: una forma de ver el mundo. Nos damos cuenta de que los dos gauchos son los creadores de lo que, para Fresán, es un Argentina, que ya aviso ahora que se trata sobre todo de un lector y un escritor y un espectador de películas argentino.
Los dos gauchos deciden emigrar a Europa para montar un espectáculo lúdico-literario sobre el realismo mágico sudamericano. Entonces Fresán se deleita en el viaje. Se deleita no tanto en los preparativos, sino en los sueños del resultado del viaje. El dinero, el éxito en Europa, la felicidad compartida... Fresán se deleita tanto que nos hace pensar que los dos gauchos ya están allí, que lo han conseguido y son felices en Europa, pero el cuento nos reserva una sorpresa final, y es que los dos gauchos no llegan nunca en realidad a cruzar el océano. Su barco se hundió en el océano Atlántico y descubrimos que la historia es en realidad el relato de un grumete, que es el único superviviente en ese barco.
Bienvenidos al circo. Bienvenidos al libro. Bienvenidos a Rodrigo Fresán.
Fresán es, sin duda, uno de los escritores más importantes de la literatura en lengua castellana. Uno de esos escritores que, si tuviése que hacer diez listas a vuelapluma con los diez escritores que escriben hoy en español y que todo el mundo debería leer estaría en nueve de cada diez listas realizadas. Dicho de otra manera, es un escritor que hay que leer, siempre, pero a veces nos olvidamos un poco de que está ahí. Quizás porque no todo lo que ha escrito ha estado siempre a la altura de su borgesianísima ambición.
Historia argentina es un libro sobre la historia de Argentina, claro -nada que objetar- pero es también un libro sobre la historia literaria Argentina.
A primera vista, ni una ni otra cosa resultan del todo evidentes. A primera vista lo que tenemos es una colección de relatos que, como un desafío, Fresán encabeza con el más marciano de todos ellos "Padres de la patria", sobre dos gauchos que cruzan el territorio virgen de la pampa mientras uno de ellos pronuncia sentencias filosóficas -sentencias sobre la vida, sobre la muerte, sobre Maradona...- y su compañero las va escribiendo en todos lados, en papeles, en hojas, sueltas... incluso en los flancos de su caballo, que al principio es blanco pero se va volviendo negro de polvo y tinta. Nos damos cuenta de que uno de los dos gauchos, porque no escribe, pero es filósofo, porque lleva en la espalda una cruz, porque tiene un discípulo que anota su evangelio, por todo esto nos damos cuenta que uno de los dos gauchos es como Jesucristo, o como Sócrates. Que es un fundador y que lo que funda es algo más que una tierra, es una religión o una filosofía: una forma de ver el mundo. Nos damos cuenta de que los dos gauchos son los creadores de lo que, para Fresán, es un Argentina, que ya aviso ahora que se trata sobre todo de un lector y un escritor y un espectador de películas argentino.
Los dos gauchos deciden emigrar a Europa para montar un espectáculo lúdico-literario sobre el realismo mágico sudamericano. Entonces Fresán se deleita en el viaje. Se deleita no tanto en los preparativos, sino en los sueños del resultado del viaje. El dinero, el éxito en Europa, la felicidad compartida... Fresán se deleita tanto que nos hace pensar que los dos gauchos ya están allí, que lo han conseguido y son felices en Europa, pero el cuento nos reserva una sorpresa final, y es que los dos gauchos no llegan nunca en realidad a cruzar el océano. Su barco se hundió en el océano Atlántico y descubrimos que la historia es en realidad el relato de un grumete, que es el único superviviente en ese barco.
Bienvenidos al circo. Bienvenidos al libro. Bienvenidos a Rodrigo Fresán.
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