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domingo, 5 de septiembre de 2010

Facebook: la película

A medida que cambia nuestra relación con la informática, con las tecnologías, con internet y con todo ese tipo de cosas que dentro de poco ya no podremos llamar "informática" sin tener la sensación de utilizar un tecnicismo arcaico que constriñe y desnaturaliza la relación de intimidad que tenemos con estos medios -algo así como llamar "red viaria" a las carreteras o "aparato de televisión" a la tele- a medida que esta relación cambia, va cambiando también nuestra relación con los territorios limítrofes de este universo. Con las marcas, por ejemplo.

En pleno estallido del fenómeno Windows, cuando la gente empezó a odiar el monopolio de microsoft, aunque en la mayoría de los casos -en el mío, sin ir más lejos- sin saber muy bien por qué, a nadie se le habría ocurrido hacer una película sobre Windows95. Las marcas, los nombres informáticos, eran conocidos, pero no populares, y desde luego no llevaban consigo esa carga de personalidad que hoy les atribuimos, casi como una parte más de sus logos, como un color corporativo.

Esto no deja de ser una teoría personal, claro. En este blog, una vez, desarrollé la idea -ya digo, personal- de que hay un imaginario colectivo en el que Google es el amigo simpático, que nos ha empezado a dar un poco de miedo desde el día que lo sorprendimos con una cámara apuntando a nuestra ventana. Apple es el tipo molón, el que tiene todo lo que querríamos tener, el que en las películas americanas se lleva a las chicas de calle y conduce un descapotable -en las películas españolas este personaje no existe, y no lo digo como una ventaja del cine español-. Microsoft es el informático de la vieja escuela, antes de que el "nerd" pasase a ser una especie apreciada y Facebook... Facebook es algo raro. Una especie de camello de propósitos oscuros, que aparece en todas las fiestas, o un inventor loco que ha descubierto un proceso para la clonación de androides.

Facebook es una especie de futuro para el que se supone que no estamos preparados y para el que se supone que no queremos estar preparados. Un futuro de interconexión, en el que el valor de la privacidad es distinto, totalmente distinto del que se supone que debería tener, y cuando digo "se supone" no quiero decir "del que sería deseable". Quiero decir que, cuando empezó el boom de las redes sociales, se dijo que no eran un producto que pudiese tener futuro en occidente. Que era algo que gustaba en oriente, en Japón, por ejemplo, en el que hay formas de exhibiccionismo que ya forman parte de la cultura popular. Estaba bien para ellos, pero no para occidente, donde "se supone" que el individuo occidental tiene su privacidad como un valor inviolable.

A David Fincher lo admiro sobre todo por Zodiac, por conseguir hacer una película en la que, bajo la tensión de la historia, está la tensión entre el querer contar una historia y la imposibilidad de hacerlo, sobre todo porque no hay historia que contar, a excepción, claro, de la historia de quien cuenta una historia, que es un tema que creo que ya hace mucho que no da más de sí en la narrativa occidental, aunque, sobre todo en literatura, sigue siendo algo que gusta mucho a los autores de qualité.

No creo que pueda haber un director mejor que Fincher para contar una historia que no debía ser, pero que es. Sería interesante ver cómo contaría esa historia David Lynch, y en mis fantasías sueño con una versión de Wes Anderson y otra de...Kitano, por ejemplo.

Facebook es la historia de una empresa, de un proyecto, de un artefacto que no debía llegar a funcionar, sobre todo porque servir, lo que se dice servir, no sirve para nada, así que hay poco que pueda funcionar ahí.

Y sin embargo, se mueve.


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