Mayormente va de libros

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lunes, 1 de noviembre de 2010

Dia perezoso

Pero, para hay que alimentar un poco a la bestia, así que ahí van los dos videos más impagables en los que se usa bat-repelente de tiburones



y mi favorito

viernes, 22 de octubre de 2010

Anybody seen my baby

No es mi canción preferida de los Rolling ni mucho menos, aunque me gusta. Son los Rolling y eso siempre hay que respetarlo.

Sí es mi video preferido de los Rolling, pero no tienen nada que ver con la música. ES mi video preferido de los Rolling porque, yo al menos, no he visto ninguno que describa tan bien la banda como lo hace este.

Para empezar está todo ese ambiente del video. Suena a tópico, pero es verdad: lo diabólico le sienta bien a los chavales. Sin embargo lo realmente bueno está el el desarrollo de los caracteres.

Mick Jagger es la estrella, lo copa todo, hace su show y lo hace bien. Han cambiado un poco las formas, pero no demasiado.

Richards espera. Sabe que nadie mola más que él. Es el más respetado, el más esquivo, el más fantasmal. Luego se sube a una gárgola -no habría cocoteros a mano- para tocar dos acordes larguísimos.

Watts se pasa el video como si estuviese en otra parte. Esperando para tocar con su grupo de Jazz, seguramente. Watts cada vez tiene más pinta de músico de Big Band.

Y luego está Ronny Wood con lo de siempre, intentando hacerse un hueco por ahí. Hace poco escuché un par de canciones que tiene por ahí en New Barbarians y resulta que el cabrón es muy bueno. Claro que nadie lo sabe, pero es lo que tiene entrar en los Rolling.

Para mí, la imagen más ilustrativa del video es esta:





Hamsun

Juan Rulfo estaba convencido de que la literatura occidental nacía en el norte -pero muy en el norte- y luego iba desdendiendo. Que la literatura era un deshielo, que invadía primero europa y luego américa bajando como un glaciar desde las regiones boreales (lo de regiones boreales es la forma más estupenda que se me ha ocurrido para decir aquello de "todo para arriba").

Rulfo tenía esa idea, y a Borges la cosa no le disgustaba, precisamente, aunque lo más seguro es que Borges pensase sobre todo en la literatura de Sturluson, en las sagas y en las runas, mientras que Rulfo pensaba más en la literatura de Knut Hamsun.

Hamsun es uno de esos escritores que, por no tener, no tiene ni detractores, o si los tiene le van a durar muy poco, porque deben estar ya talluditos. Quizás quede algún detractor boreal allá por Noruega, y ya poco más, aunque es un tipo de detractor que se ha convertido ya en puro anacronismo, igual que si en España alguien mantuviese una actitud resueltamente contraria a Echegaray. Uno no debe ser nunca detractor de ciertos escritores, de aquellos que no pueden defenderse ni tienen quién los defienda. Uno no puede convertirse en detractor de Campoamor, por ejemplo, sin resultar absolutamente ridículo, aunque sí puede convertirse en su reivindicador. No es que abogue por la reivindicación de Campoamor, ni lo contrario, es más bien una propuesta en general a favor de cierta abogacía literaria que siempre tiene el encanto de la arqueología y muy raramente le puede hacer daño a nadie.

Pero estábamos hablando de Hamsun. No sé si Hamsun entra ya en esta categoría de objetos arqueológicos. Probablmente no. Hamsun hoy es un escritor practicamente desconodido, sin embargo, fue uno de los escritores más populares de su tiempo. Era admirado por Kafka y Thomás Mann. Más adelante también por Rulfo y por Paul Auster. Mann, en concreto, dijo de Hamsun que era el mejor escritor del S XX y conste que, para mí, Mann es uno de esos señores de los que se puede decir que es el mejor escritor del S XX. No digo que sea verdad, porque no me atrevo, sólo digo que si alguien declara a Mann el mejor escritor del S XX nadie tiene derecho a escandalizarse demasiado.

El problema de Hamsun no es el de, por seguir con la comparación, Campoamor, por ejemplo. No es que su literatura haya envejecido o que sus libros se hayan vuelto insoportables para el lector actual. Hamsun ganó el premio Nobel en 1920 y hoy no tiene ni una plaza, ni una calle dedicada en Noruega, porque cuando los nazis entraron en su país no se le ocurrió otra cosa que decir que aquello le parecía estupendo, que ya era hora de que unos tíos de verdad, unos machotes como no se veían por allá desde los tiempos de los Normandos, arreglaran el país. Hamsun no era precisamente un arribista, ni un oportunista. No se trata de hacer una defensa suya, ni mucho menos de sus ideas políticas, pero hay que decir que realmente creía que los nazis eran lo que Noruega necesitaba. Siempre queda la duda de saber qué sabía Hamsun sobre muchas de las actividades paralelas de los nazis. En es asunto del nazismo siempre queda la duda de qué sabía la gente, que creía y qué quería creer. La maquinaria propagandística nazi se puede reconocer como una de las obras de distorsión periodística más fabulosa de todos los tiempos.

Cuando le guerra terminó, el gobierno Noruego decidió que, para no tener que enjuiciar públicamente a quien unos años había sido conocido como "el alma de Noruega" más valía fingir que Hamsun, simplemente, estaba gaga perdido. Hamsun pasó el resto de su vida vagando entre sanatorios mentales. Para no dejar de llevar la contraria hasta el final, escribió un último libro en el que narraba sus experiencias como lisiado mental y, ya de paso, dejaba fuera de toda duda que su lucidez era, como mínimo, comparable a cualquier miembro del gobierno noruego, que tampoco debía de ser tanta. Claro que no conozco a nadie del gobierno noruego de entonces, pero a la vista de los gobiernos que tenemos hoy en día, uno siempre tiene la tentación de generalizar. Aunque es verdad que en este sentido vamos a menos de forma perceptible, así que nunca se sabe.

jueves, 21 de octubre de 2010

Nicolas Negroponte augura el fin del libro

Últimamente este blog no hace otra cosa que plagiar. Es que es muy cómodo, mire usté. Aquí tenemos al sr. Negroponte, que ya tiene nombre de agorero y es un tipo muy reconocido en este de los nuevos medios de comunicación, augurando el fin del libro físico para dentro de cinco años. ¿A cambio de qué? El mismo día me entero de que el 26 de Octubre Barnes&Noble probablemente presentará su nuevo modelo de lector digital.

Entrando en modo conspiración.

lunes, 18 de octubre de 2010

El anticuario

El Anticuario es la primera novela de Gustavo Faverón, que quizá sea conocido en España sobre todo por el libro que escribió a cuatro manos con Edmundo Paz Soldán sobre Roberto Bolaño.

No es un libro que vaya a recomendar -me refiero a El anticuario- porque no sólo no lo he leído sino que, además, no cabe establecer ninguna duda razonable acerca de si lo he leído o no, y es ahí donde está el límite de mi hipocresía. Sin embargo, el autor, Gustavo Faverón, es autor también de un blog, Puente Aereo, que sigo desde hace tiempo y que, es de los pocos blogs que leo -quizás el único- no tanto por las cosas que pueda aprender en él -no es un blog de novedades ni periodístico, aunque sí trata bastante la actualidad- sino porque permite tener algunas de esas conversaciones amables que son características de algunos libros.

Este rasgo, la posibilidad de generar un diálogo amable, no es necesariamente sinónimo de calidad. Tampoco la amabilidad es sinónimo de calma o bonhomía. Yo creo que en este blog de Faveron hay más calidad que bonhomía, porque he visto al caballero meterse de cabeza en más de un fregado -es justo y necesario- e incluso mantuvo algunas entradas dedicadas únicamente a recopilar las burradas más extravagantes que se encontraba en forma de párrafos, una costumbre que personalmente echo en falta.

Sospecho en el Sr. Faveron ciertas afinidades literarias. Otras -Bolaño, Piglia, Borges- las tengo por ciertas. Sospecho también ciertas discrepancias, la sal de la vida.

El video, qué le voy a decir, tampoco es que aporte gran cosa. Lo dejo aquí sólo como testimonio de simpatía.



Adjunto la barra de videos que aparece en Youtube al reproducirlo por aquello de comprobar, una vez más, que los caminos de internet son inexcrutables.



jueves, 14 de octubre de 2010

Ahora por detrás


Ya ve usted, tantos años aprendiendo a escribir a máquina correctamente, esforzándose por superar la "técnica del águila" para conseguir un estilo depurado y ahora van los gurús de la lectura del s. XX, los de los e-reader, e-book y todo eso y nos dicen que nada, señores, que se olviden ustedes, que el futuro está en escribir por detrás para que no se vean esos vergonzosos y antediluvianos teclados. Que estamos en la época del ipad, oiga usted.

Si ya lo decía la canción


Pd: Esta entrada ha sido casi íntegramente plagiada de Tinta-E, el blog de Juan Luis Chulilla

jueves, 7 de octubre de 2010

Grandes oportunidades de negocio con el premio nobel (Rectificación)

Ladbrokes, al parecer uno de los indicadores más válidos a la hora de pronosticar oportunidades de negocio, hay una serie de curiosidades que a usted, silencioso lector, le pueden reportar apetitosos beneficios.

Una de sus mejores opciones, le comunico, es el señor Nestor Amarilla, que a sus treinta años parece no explicarse muy bien ni él mismo qué hace ahí ni cómo le ha caido esto. Al señor Amarilla no lo conozco de nada, es decir, no lo he leído jamás, aunque ya me he agenciado un par de artículos que hay en internet por si las moscas. Me jode bastante que con treinta años esté bailando en la sala VIP, pero, vamos, así de irracional es la envidia. Tampoco es que me hayan sacado a mí para meterlo a él precisamente. El señor amarilla se paga 150 a 1, así que, si tiene usted dos euros sueltos, ahí hay ingentes beneficios.

Un poco peor pagados, un poco más arriba en la lista, encontramos varios pistoleros de los viejos. Tipos mal encarados esperando para desvelar que han sido zurdos toda su vida, pero nadie ha llegado a saberlo y los pocos que lo han visto están muertos. Ahí están Barnes y Umberto Eco y Bob Dylan (el más zurdo de todos) y John le Carre, el tipo más guapo del salón. El tipo al que no se esperaba. Todos ellos se recompensan en proporción de 100 a 1

Luego está Paul Auster, que es todavía más guapo que le Carre, pero en un sentido distinto, en el sentido más provechoso genéticamente hablando. Quienes hayan visto a la hija de Paul sabrán de lo que estoy hablando. Paul se paga 75 a 1.

Con 66 a 1 está la lista de los endemoniados: un sorprendente Jonathan Litell, Goytisolo (Luis!), Rushdie.

Españoles hay pocos, la verdad. Hispanos algunos más, pero tampoco demasiados. Han pasado los buenos tiempos del prestigio internacional. Tenemos a Fuentes, como siempre, que se paga 33 a 1 (creo que también como siempre). Tenemos a Gelmán, que debe estar de moda -y me parece muy bien-, y se paga 15 a 1. Para quienes tengan palpitando la vena chauviniste, comunicarles que el representante español más adelantado es Javier Marías, que se paga 40 a 1. Al final nos va mejor hasta en Eurovisión. Este año, por lo menos, ganamos el mundial, pero, a corto plazo, la cosa pinta muy fea para el orgullo patrio.

En el top ten, aparte del buen Gelman, tenemos a dos que venden mucho, y a los que creo que podemos dar por descontados. Porque, claro, si es usted académico sueco y vuelve a casa diciendo que le ha dado el premio a un tal Murakami o a un señor llamado McCarthy, que le han hecho películas y todo, pues a ver con qué cara mira después a la parienta (o el pariente, que nadie se ofenda) o a los niños. A ver cómo va el pariente (o la parienta, que nadie se disguste) al trabajo o los niños al colegio y aguantan el cachondeo de los compañeros y amigos: "¿Y para eso es académico tu padre, para darle el premio a Murakami?" o "Por culpa de la cabrona de tu abuela he perdido 50000 coronas suecas que había apostado a Ngugi wa Thiong'o".

Por cierto, este último es el que probablemente vaya a ganar, por varias razones:

1.-Porque hace la tira y más de años que no le dan el premio a un escritor de raza negra.
3.-Porque hace la tira y más de años que no le dan el premio a un escritor africano.
5.-Porque este año la literatura Africana parece que está muy de moda en Suecia -imagino que porque la literatura Sueca es la que está de moda en el resto del mundo y esto a ellos les tiene que plantear algún tipo de vacío-.
4.-Porque lo dicen en el blog de The literary Saloon , que encuentran un nobel igual que un cerdo encuentra una trufa (es decir, a base de olfato y escarbando después)
10-Porque creo que son ya seis premios consecutivos a europeos y esto se está poniendo un poco cargante, y los americanos que hay, pues mire usted, son demasiado mainstream y ya sabe que luego no hay quien aguante a los parientes y los niños. Claro que también está un coreano que se llama Ko Un, que seguro que escribe de putísima madre, pero también es posible que alguien haya metido el nombre de broma en la lista, y que Ko Un significe algo así como "Tonto el que lo lea" en koreano y si es usted académico sueco, pues, qué quiere que le diga, no es cuestión de arriesgar.

Sobre la entrada anterior

Que nada, oiga, que aquí no hay quien acierte. Vargas Llosa. Po bueno, po vale, po m'alegro. Escribe muy bien este señor.



miércoles, 6 de octubre de 2010

Grandes oportunidades de negocio con el premio nobel.

En la lista de apuestas de Ladbrokes, al parecer uno de los indicadores más válidos a la hora de pronosticar oportunidades de negocio, hay una serie de curiosidades que a usted, silencioso lector, le pueden reportar apetitosos beneficios.

Una de sus mejores opciones, le comunico, es el señor Nestor Amarilla, que a sus treinta años parece no explicarse muy bien ni él mismo qué hace ahí ni cómo le ha caido esto. Al señor Amarilla no lo conozco de nada, es decir, no lo he leído jamás, aunque ya me he agenciado un par de artículos que hay en internet por si las moscas. Me jode bastante que con treinta años esté bailando en la sala VIP, pero, vamos, así de irracional es la envidia. Tampoco es que me hayan sacado a mí para meterlo a él precisamente. El señor amarilla se paga 150 a 1, así que, si tiene usted dos euros sueltos, ahí hay ingentes beneficios.

Un poco peor pagados, un poco más arriba en la lista, encontramos varios pistoleros de los viejos. Tipos mal encarados esperando para desvelar que han sido zurdos toda su vida, pero nadie ha llegado a saberlo y los pocos que lo han visto están muertos. Ahí están Barnes y Umberto Eco y Bob Dylan (el más zurdo de todos) y John le Carre, el tipo más guapo del salón. El tipo al que no se esperaba. Todos ellos se recompensan en proporción de 100 a 1

Luego está Paul Auster, que es todavía más guapo que le Carre, pero en un sentido distinto, en el sentido más provechoso genéticamente hablando. Quienes hayan visto a la hija de Paul sabrán de lo que estoy hablando. Paul se paga 75 a 1.

Con 66 a 1 está la lista de los endemoniados: un sorprendente Jonathan Litell, Goytisolo (Luis!), Rushdie.

Españoles hay pocos, la verdad. Hispanos algunos más, pero tampoco demasiados. Han pasado los buenos tiempos del prestigio internacional. Tenemos a Fuentes, como siempre, que se paga 33 a 1 (creo que también como siempre). Tenemos a Gelmán, que debe estar de moda -y me parece muy bien-, y se paga 15 a 1. Para quienes tengan palpitando la vena chauviniste, comunicarles que el representante español más adelantado es Javier Marías, que se paga 40 a 1. Al final nos va mejor hasta en Eurovisión. Este año, por lo menos, ganamos el mundial, pero, a corto plazo, la cosa pinta muy fea para el orgullo patrio.

En el top ten, aparte del buen Gelman, tenemos a dos que venden mucho, y a los que creo que podemos dar por descontados. Porque, claro, si es usted académico sueco y vuelve a casa diciendo que le ha dado el premio a un tal Murakami o a un señor llamado McCarthy, que le han hecho películas y todo, pues a ver con qué cara mira después a la parienta (o el pariente, que nadie se ofenda) o a los niños. A ver cómo va el pariente (o la parienta, que nadie se disguste) al trabajo o los niños al colegio y aguantan el cachondeo de los compañeros y amigos: "¿Y para eso es académico tu padre, para darle el premio a Murakami?" o "Por culpa de la cabrona de tu abuela he perdido 50000 coronas suecas que había apostado a Ngugi wa Thiong'o".

Por cierto, este último es el que probablemente vaya a ganar, por varias razones:

1.-Porque hace la tira y más de años que no le dan el premio a un escritor de raza negra.
3.-Porque hace la tira y más de años que no le dan el premio a un escritor africano.
5.-Porque este año la literatura Africana parece que está muy de moda en Suecia -imagino que porque la literatura Sueca es la que está de moda en el resto del mundo y esto a ellos les tiene que plantear algún tipo de vacío-.
4.-Porque lo dicen en el blog de The literary Saloon , que encuentran un nobel igual que un cerdo encuentra una trufa (es decir, a base de olfato y escarbando después)
10-Porque creo que son ya seis premios consecutivos a europeos y esto se está poniendo un poco cargante, y los americanos que hay, pues mire usted, son demasiado mainstream y ya sabe que luego no hay quien aguante a los parientes y los niños. Claro que también está un coreano que se llama Ko Un, que seguro que escribe de putísima madre, pero también es posible que alguien haya metido el nombre de broma en la lista, y que Ko Un significe algo así como "Tonto el que lo lea" en koreano y si es usted académico sueco, pues, qué quiere que le diga, no es cuestión de arriesgar.

La máquina de enseñar de Skinner

No sé si existe relación con el otro gran pedagogo, pero ambos son una muestra clara de por qué los pedagogos son gente peligrosa. Un vídeo inquietante.

martes, 5 de octubre de 2010

233 Grados

Acaba de ponerse en marcha la versión beta de la página web 233libros.com; una mezcla de conjura y red social dedicada a decidir, por consenso popular, qué libros deben salvarse y qué libros merecen el castigo de la hoguera.

La idea es sencilla. La gente vota a favor y en contra de los libros -libros propuestos por los propios usuarios- hasta el momento definitivo del fuego o el paso a la biblioteca eterna. Tanto el uno como la otra, aparentemente, sólo existen en términos estrictamente virtuales.

Esta idea de salvar y quemar libros nos lleva, claro, a la famosa recensión del Quijote, al capítulo en el que el cura y el barbero depuran la biblioteca de su alucinado camarada. El nombre nos lleva a Orwell, porque esos 233 grados, en centígrados, son también los 451 carimáticos grados Fahrenheit con los que arden los libros.

También nos lleva por las vías de las grandes quemas de libros en Europa en este siglo XX, que no sabemos del todo si ha terminado de pasar, porque claro, cualquiera se fía.

El funcionamiento de la pagina es sencillo. La gente vota si un libro merece salvarse o morir en la hoguera, y así se va configurando una lista con un panteón de santos (recuerdo ahora que, según San Pablo, también estos tenían que pasar a través del fuego,imagino que por si las moscas) y un panteón de condenados irremediables. Hay que reconocer que la idea tiene su atractivo. Quién no ha tenido alguna vez el impulso de confeccionar una lista de libros que, por el bien común, suponemos que deberían ser pasto de las llamas. Aquella idea de Lázaro de Tormes de que no hay libro del que no se pueda sacar algo bueno, parece definitivamente superada.

De esta página llaman la atención un par de cosas:

Primero, que la lista de los libros a quemar es superior a la lista de los libros a salvar, cosa que ya pasaba con el cura y el barbero hace cosa de cuatrocientos años, por lo que vamos a tener que empezar a pensar en una constante histórica.

Segundo, que la versión beta funciona todavía bastante mal, y que hay que tener mucho cuidado de dónde se toca con el ratón porque, en menos que canta un gallo, la página empieza a abrirte ventanitas indeseadas que, por lo menos, no te llevan a ninguna parte, cosa que no se acaba de saber si es un error o una metáfora sutilísima.

Tercero, y esta ya es una cuestión personal, que mi salud lectora, por el momento, se mueve en la esfera de lo celestial, porque de la lista de libros que están en el top ten de los condenados o no he leído o, directamente, ni siquiera tengo noticia de ninguno de ellos, aunque uno en concreto, titulado Crimen en directo por lo menos me ha parecido que tiene una premisa interesante y reconozco que, si no fuese por mi miedo patológico a todo lo infernal (salvo que estemos hablando de blues, rock, jazz así como de ritmos y locales afines) quizás me acercaría a echarle un vistazo ocasional.

Cuarta, que Juan Manuel de Prada cae muy mal y razones hay para ello, pero de vez en cuando sí sabe juntar letritas.

Quinta, que mi salud lectora no está tan en el reino celestial como yo creía, porque en la lista de libros ya salvados, esto es, ya depositados en el cielo de la biblioteca eterna hay dos de Saramago y dos de Murakami, que no digo yo que merezcan el fuego, pero sí me parece que han salido muy pronto del limbo

viernes, 1 de octubre de 2010

video

Violencia generalizada

Gran párrafo de El País sobre los disturbios en Barcelona

Los jóvenes que ayer reventaron la huelga general en Barcelona y causaron graves disturbios en el centro de la ciudad pertenecen, en su mayoría, a colectivos antisistema. Las alrededor de 500 personas que hostigaron a la policía durante más de ocho horas no integran, sin embargo, un grupo heterogéneo. Se trata, más bien, de una amalgama de violentos formada por okupas, skinheads antifascistas (sic), jóvenes de la izquierda independentista radical, estudiantes universitarios vinculados a movimientos sociales, personas con ganas de enfrentarse a los antidisturbios y ladrones que aprovechan la turba para saquear tiendas.

A mí me sale más o menos a grupo violento por persona. Mi favorito es el de "personas con ganas de enfrentarse a los antidisturbios"

Todos mienten a la SGAE

La SGAE se siente perseguida. A los pobrecitos los acosan con insidias. La gente, que es muy mala y miente cuando ellos, en realidad, sólo quieren cobrar lo que es legítimamente suyo, los contenidos -término literal que utilizan en su comunicado- que son los que mueven la industria tecnológica. Ha leído usted bien, la industria tecnológica depende de los contenidos para sobrevivir. Google está atemorizada porque los contenidos, sobre todo los contenidos que gestiona la SGAE, son la piedra angular de su negocio. Los fabricantes de Hardware dan gracias al cielo de tener contenidos porque si no fuera por ellos nadie compraría teléfonos, ordenadores, memorias USB etc, todos ellos artículos legítimamente gravados por la SGAE.

Todos mienten. Los primeros los consumidores, que se quejan de pagar a la SGAE un canon por comprarse un ordenador, cuando, para empezar, son las empresas las que pagan dicho canon. Claro que si pide usted una factura desglosada estará incluido el coste del canon, pero sin duda eso es una maniobra de los fabricantes de tecnología, para culpar a la SGAE, porque, pobrecita SGAE, todos mienten cuando se trata de ella.

Mienten las empresas fabricantes de hardware, publicando cifras absurdas sobre el dinero generado con el canon cuando las muy pérfidas están creciendo año tras año, mientras que hay empresas culturales que pierden dinero año tras año -cosa que no se había visto jamás- y está claro, por la teoría de los vasos comunicantes y una regla de tres, que si unos ganan y otros pierden es que aquellos se lo están robando a estos y que sí, es cierto que la SGAE gana mucho y no roba a nadie, pero, mire usted, se trata de una sociedad de gestión, así que ellos no ganan, sino que distribuyen, y si usted no acaba de ver claro que una sociedad privada de gestión pueda cobrar a todos para distribuir a sus socios, pues mala suerte, porque ahora no tenemos tiempo de explicárselo.

Lo que está claro, y es justo, es que usted tenga que pagar al comprarse un ordenador en este país, porque a nadie, ni siquiera a las empresas se le pasaría siquiera por la cabeza comprarse un ordenador de no albergar pérfidas intenciones de copiar y reproducir serialmente la discografía completa de Teddy Bautista. Con razón este señor cobra más de 300.000 euros al año y se ha garantizado una pensión vitalicia de 24.000 euros anuales mensuales. ¿Le parece a usted mucho? ¿Le parece que una sociedad privada no debería tener derecho a imponer diezmos y primicias a, por ejemplo, otras sociedades privadas que necesitan discos duros y ordenadores para funcionar?

A veces es muy difícil distinguir a un mentiroso de un tonto redomado.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Esto ya lo hizo Sterne

Pero Sterne se tomó la molestia de escribir unas quinientas páginas más. Está muy vaga la gente.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

Mourinho cae mal


Y a mí me importa un comino escribir que Mourinho cae mal, porque es que a Mourinho también caer mal le importa un comino. Además, dudo mucho que se acerque a leer este blog alguna vez, aunque tampoco es del todo imposible, porque yo creo que Mourinho es de esos que, como dicen los americanos, se googlelizan (o algo así) para ver qué se cuece o, mejor aún, cómo se cuecen ellos mismos en internet.

Que Mourinho cae mal está claro, pero no sé yo a qué viene cebarse con él en los periódicos, ya no a nivel discursivo, sino incluso utilizando las traidoras artes de la maquetación subliminal. Esta es la imagen que corresponde con una noticia de hoy en El País digital:

Mírela usted y dígameluego si no hay recochineo para una noticia que, más o menos, trata de algo que dijo Pellegrini hace unos cuantos meses y que tiene que ver con los goles que ha metido el Madrid la presente temporada, que es un dato que se ha repetido esta semana, al menos, dos billones y medio de veces. Vamos, que noticia noticia, no hay mucha, y si la hay no es de las frescas, pero a falta de noticia lo que sí hay es mala baba, y bastante, porque hay que tener mala baba para conseguir juntar, en el espacio de una pantalla, el nombre de Pelegrini, una foto de Mourinho haciendo aspiraciones para que lo ingresen en un frenopático -cierto que casi todas las fotos de Mourinho son de ese estilo-, otra de Higuaín desconsoladísimo -o quizás muerto, no está claro- y un vídeo del amigo Josep con cierta cara de contemplar con recochineo todo este asunto.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Así se sacan las cuentas


Es una opinión personal, pero a mí este gráfico me ha parecido divertidísimo.


jueves, 23 de septiembre de 2010

Tumbas de poetas

Hay que desconfiar, por principio, casi diría que por reflejo, de la gente que escribe libros sobre poetas. Conste que lo digo sin ningún tipo de ironía. Si ve usted a alguien escribir sobre poesía (y escribir poesía ya ni le cuento) cambie de acera, esconda a sus hijos, encierre el ganado. Cumpla, en definitiva, los principios básicos a seguir en caso de razia moruna o ataque nuclear, porque ese individuo, está claro, no pertenece a este planeta. Su reino no es de este mundo, como decía aquel, sólo que aquel era un tipo más o menos razonable y calmado (salvo algún que otro ramalazo que quiso dirimir precisamente a ramazo limpio) que son características que no hay que dar siempre por supuestas en alienados ni poetas.

Uno coge un libro titulado, precisamente "Sobre tumbas de poetas" y más o menos puede echarse a temblar. El autor, Cees Nooteboom, tampoco es demasiado famoso en España, aunque tiene un cierto cartel a nivel internacional. Cada año, cuando empiezan a sonar las candidaturas al novel, sale el nombre del señor Nooteboom, aunque es verdad que suele salir dentro de una categoría propia, la de aquellos a los que más o menos se sabe que no les van a dar el novel, pero veremos qué pasa el año que viene. El gran dominador de esta categoría, claro, es Philiph Roth, que es como el Nadal de esta competición paralela.

El señor Nooteboom, aparte de por su candidatura novelesca de hoja perenne es un tipo conocido internacionalmente por varias características que enunciamos a continuación:

1-El nombre de Cees Nooteboom es absolutamente imposible de escribir a la primera. Siempre se falla, al menos un par de veces, en el número de vocales.

2-El señor Cees Nooteboom es un señor que, aparte de escribir de poesía -que da mucho miedo- escribe mucho sobre viajes -que ya es algo más alentador-. No hay tantos escritores que hayan conseguido prestigio internacional escribiendo sobre viajes. Normalmente estas cosas se consiguen -o se intentan conseguir- escribiendo libros de cuantrocientas páginas sobre escritores frustrados que trabajan como profesores frustrados y consideran que es absolutamente necesario comunicarle al mundo sus reflexiones acerca de que vivimos en un mundo de mierda y sobre las mujeres que no han querido bailar con él quince años atrás. Respecto a esto, aunque sé que es divagar, creo que le haríamos un gran servicio a la literatura universal con una propuesta de ley según la cual estuviese prohibido escribir una novela de más de quinientas páginas de cuyo protagonista no pudiésemos sospechar cabalmente que sea capaz de desmontar una caja fuerte con un destornillador.

3-El señor Cees Nooteboom parece tener la habilidad de conseguir amigos interesantes. Esto puede ser bueno o malo. Escribir sobre los amigos que uno tiene es como bailar: no basta con saber hacerlo, sino que además esa capacidad debe parecer innata. En el caso del señor Nooteboom la habilidad no está del todo mal conseguida, aunque a veces sí parece que se ven algunos hilillos.

4-El señor Cees Nooteboom tiene como principal virtud literaria la competencia a la hora de crear pequeñas intrigas entre las frases. A veces la cosa le queda un tanto epigramática. El señor Cees Nooteboom juega en corto, juega al toque y al pie. Desde que España ganó el mundial de fútbol suponemos -lo veníamos intuyendo desde el Barça de Guardiola- que esa es la forma correcta de jugar, pero lo cierto es que esto no está tan claro. No está tan claro en el fútbol y, sobre todo, no está tan claro en los libros, que, claro, no son exactamente igual que el fútbol, por lo menos algunas veces.

En los libros -en el fútbol no me meto, que ya son cuestiones serias- a veces no se trata tanto de jugar bonito o de ganar -de hecho, nunca se trata de ganar, porque aquí ganar es imposible- sino de quedar extenuado, con la lengua fuera, con las piernas acalambradas y los pulmones ardiendo hasta caer sobre el cesped con los brazos en cruz.

Insisto, esto sólo es así a veces, pero cuando pasa casi siempre merece la pena.

El caso es que el señor Nooteboom, por todo lo que acabamos de decir, se ha ganado el derecho a escribir un libro de viajes y de poesía. Un libro que tiene dos cosas buenas y una tercera, que es la mejor. Una cosa buena es que nos descubre a autores imprevistos, de esos que están en lo que Even Zohar llamaría "sistemas culturales diferentes" y que básicamente es el país que no habitaremos los que no tenemos ni la menor idea de holandés y no sepamos más que los números en alemán. La otra cosa buena es que contagia una cierta sensación de ternura por la poesía y, por extensión, por los poetas. Nosotros somos gente cultivada. Sabemos, por tanto, que los poetas, sobre todo los grandes poetas, son por lo general una de las razas más deleznables de la tierra. Insisto, en que todo esto está dicho sin ninguna ironía. Si usted lo cree así, le recomiendo que visite alguna que otra biografía de poetas conocidos. Le garantizo que no tardará en hacerse con una panoplia completa de barbaridades e hijoputadas que van de lo chusco a lo grotesco. Si no tiene usted mucho tiempo, le recomiendo que empiece por Valle. Como se reirá usted un rato -porque la verdad es que el cabrito tenía gracia- le sugiero que piense usted en lo que sería tener a semejante elemento de vecino.

Lo mejor del libro de Nooteboom es que no trata de poetas muertos, sino de tumbas de poetas, que, claro, es mucho más alegre. Las tumbas, ya se sabe, son un monumento a la contradicción, por aquello de que se hacen para los muertos, pero sólo sirven para los vivos. Si uno lo piensa, el mundo está lleno de cosas que se hacen para un sujeto, pero tienen a otro como destinatario final. Así a bote pronto, se me ocurren, por ejemplo, las balas, la lencería fina, las biografías, las biografías no autorizadas y las autobiografías no autorizadas. Esto de escribir sobre tumbas y no sobre muertes, se traduce en un libro a ratos vitalista, a ratos divertido, aunque nunca demasiado.

Hay muchas anécdotas que merece la pena leer. Tengo debilidad por la de Bioy, que no sé por qué sigue sin llegar a tener ese reconocimiento como uno de los más grandes escritores del S XX. La sombra de Borges es alargada, supongo. El caso es que me encanta esa imagen de Bioy, anciano que habla de la novela que quiere escribir aunque no llegará a hacerlo. "Tratará de una isla, otra vez" le dice Bioy al señor Nooteboom. Es la última vez que se ven, es la última vez que hablan. Bioy le dice "tratará de una isla" y se ríe, y el señor Nooteboom se va, y Bioy se queda y se muere, no en el momento, sino poco después, pero se muere, así que lo último que Bioy le dice al señor Nooteboom es aquello de "tratará de una isla" y cualquiera que haya leído La invención de Morel como lo que es: una novela perfecta -para lo bueno y para lo malo, aunque tiene más de bueno que de malo- tiene que darse cuenta de lo que significa algo así.

Decía que el libro es a veces vitalista, a veces hasta divertido. En realidad, para cualquiera de las dos cosas, nunca lo es demasiado. Desde luego, nunca grotesco, porque el señor Nooteboom es un hombre demasiado serio para eso. Nada que reprochar, aunque a veces se hecha de menos un poco de más mala leche o un ánimo un poco más rupturista, porque, ya que tenemos las tumbas a lado, a veces uno tiene la tentación de pensar que sería divertido ver al señor Nooteboom -que, insisto, da la impresión de ser un hombre serio- bailando un fox-trot sobre una lápida o echando una partida de cartas sobre el tejado de un mausoleo.

Pero la cosa no pasa así y quizás esté bien que así sea.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Historia Argentina- Rodrigo Fresán


Historia Argentina es el primer libro de ficción publicado por Rodrigo Fresán. Allá por 1991, cuando Fresán era un individuo más bien incalificable, que cultivaba esmeradamente una imagen de desaliño inclasificable. Al menos yo me lo imagino así. Por fotografías, por entrevistas, me lo imagino así: implacable, desmañada y atildadamente inclasificable. Yo por sus libros me lo imagino así.

Fresán es, sin duda, uno de los escritores más importantes de la literatura en lengua castellana. Uno de esos escritores que, si tuviése que hacer diez listas a vuelapluma con los diez escritores que escriben hoy en español y que todo el mundo debería leer estaría en nueve de cada diez listas realizadas. Dicho de otra manera, es un escritor que hay que leer, siempre, pero a veces nos olvidamos un poco de que está ahí. Quizás porque no todo lo que ha escrito ha estado siempre a la altura de su borgesianísima ambición.

Historia argentina es un libro sobre la historia de Argentina, claro -nada que objetar- pero es también un libro sobre la historia literaria Argentina.

A primera vista, ni una ni otra cosa resultan del todo evidentes. A primera vista lo que tenemos es una colección de relatos que, como un desafío, Fresán encabeza con el más marciano de todos ellos "Padres de la patria", sobre dos gauchos que cruzan el territorio virgen de la pampa mientras uno de ellos pronuncia sentencias filosóficas -sentencias sobre la vida, sobre la muerte, sobre Maradona...- y su compañero las va escribiendo en todos lados, en papeles, en hojas, sueltas... incluso en los flancos de su caballo, que al principio es blanco pero se va volviendo negro de polvo y tinta. Nos damos cuenta de que uno de los dos gauchos, porque no escribe, pero es filósofo, porque lleva en la espalda una cruz, porque tiene un discípulo que anota su evangelio, por todo esto nos damos cuenta que uno de los dos gauchos es como Jesucristo, o como Sócrates. Que es un fundador y que lo que funda es algo más que una tierra, es una religión o una filosofía: una forma de ver el mundo. Nos damos cuenta de que los dos gauchos son los creadores de lo que, para Fresán, es un Argentina, que ya aviso ahora que se trata sobre todo de un lector y un escritor y un espectador de películas argentino.

Los dos gauchos deciden emigrar a Europa para montar un espectáculo lúdico-literario sobre el realismo mágico sudamericano. Entonces Fresán se deleita en el viaje. Se deleita no tanto en los preparativos, sino en los sueños del resultado del viaje. El dinero, el éxito en Europa, la felicidad compartida... Fresán se deleita tanto que nos hace pensar que los dos gauchos ya están allí, que lo han conseguido y son felices en Europa, pero el cuento nos reserva una sorpresa final, y es que los dos gauchos no llegan nunca en realidad a cruzar el océano. Su barco se hundió en el océano Atlántico y descubrimos que la historia es en realidad el relato de un grumete, que es el único superviviente en ese barco.

Bienvenidos al circo. Bienvenidos al libro. Bienvenidos a Rodrigo Fresán.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Facebook: la película

A medida que cambia nuestra relación con la informática, con las tecnologías, con internet y con todo ese tipo de cosas que dentro de poco ya no podremos llamar "informática" sin tener la sensación de utilizar un tecnicismo arcaico que constriñe y desnaturaliza la relación de intimidad que tenemos con estos medios -algo así como llamar "red viaria" a las carreteras o "aparato de televisión" a la tele- a medida que esta relación cambia, va cambiando también nuestra relación con los territorios limítrofes de este universo. Con las marcas, por ejemplo.

En pleno estallido del fenómeno Windows, cuando la gente empezó a odiar el monopolio de microsoft, aunque en la mayoría de los casos -en el mío, sin ir más lejos- sin saber muy bien por qué, a nadie se le habría ocurrido hacer una película sobre Windows95. Las marcas, los nombres informáticos, eran conocidos, pero no populares, y desde luego no llevaban consigo esa carga de personalidad que hoy les atribuimos, casi como una parte más de sus logos, como un color corporativo.

Esto no deja de ser una teoría personal, claro. En este blog, una vez, desarrollé la idea -ya digo, personal- de que hay un imaginario colectivo en el que Google es el amigo simpático, que nos ha empezado a dar un poco de miedo desde el día que lo sorprendimos con una cámara apuntando a nuestra ventana. Apple es el tipo molón, el que tiene todo lo que querríamos tener, el que en las películas americanas se lleva a las chicas de calle y conduce un descapotable -en las películas españolas este personaje no existe, y no lo digo como una ventaja del cine español-. Microsoft es el informático de la vieja escuela, antes de que el "nerd" pasase a ser una especie apreciada y Facebook... Facebook es algo raro. Una especie de camello de propósitos oscuros, que aparece en todas las fiestas, o un inventor loco que ha descubierto un proceso para la clonación de androides.

Facebook es una especie de futuro para el que se supone que no estamos preparados y para el que se supone que no queremos estar preparados. Un futuro de interconexión, en el que el valor de la privacidad es distinto, totalmente distinto del que se supone que debería tener, y cuando digo "se supone" no quiero decir "del que sería deseable". Quiero decir que, cuando empezó el boom de las redes sociales, se dijo que no eran un producto que pudiese tener futuro en occidente. Que era algo que gustaba en oriente, en Japón, por ejemplo, en el que hay formas de exhibiccionismo que ya forman parte de la cultura popular. Estaba bien para ellos, pero no para occidente, donde "se supone" que el individuo occidental tiene su privacidad como un valor inviolable.

A David Fincher lo admiro sobre todo por Zodiac, por conseguir hacer una película en la que, bajo la tensión de la historia, está la tensión entre el querer contar una historia y la imposibilidad de hacerlo, sobre todo porque no hay historia que contar, a excepción, claro, de la historia de quien cuenta una historia, que es un tema que creo que ya hace mucho que no da más de sí en la narrativa occidental, aunque, sobre todo en literatura, sigue siendo algo que gusta mucho a los autores de qualité.

No creo que pueda haber un director mejor que Fincher para contar una historia que no debía ser, pero que es. Sería interesante ver cómo contaría esa historia David Lynch, y en mis fantasías sueño con una versión de Wes Anderson y otra de...Kitano, por ejemplo.

Facebook es la historia de una empresa, de un proyecto, de un artefacto que no debía llegar a funcionar, sobre todo porque servir, lo que se dice servir, no sirve para nada, así que hay poco que pueda funcionar ahí.

Y sin embargo, se mueve.


jueves, 15 de julio de 2010

Los lectores electrónicos siguen siendo un handicap para la lectura

Traduzco el siguiente estudio que aparece en e-reads.com

Otro estudio sugere que la lectura en pantalla es inferior al aprendizaje con libros.

Otro estudio confirma nuestras sospechas de que leer libros en el ordenador o en la pantalla de un e-reader dificulta el aprendizaje y la retención. Experimentos con niños y colegiales apuntan a la conclusión de que las pantallas digitales resultan más distractoras que sus homólogas de papel.

Ahora, un estudio llevado a cabo por la consultoría de desarrollo de producto Nielsen Norman Group ha cuantificado esas conjeturas. Se pidió a los participantes que leyesen algunas historias de Ernest Hemingway tanto impresas como en una serie de aparatos de lectura digital: un iPad, un Kindle y un ordenador de sobremesa.

Los resultados, tal como cuenta Lauren Indvik de Mashable, fueron esclarecedores: la velocidad de lectura fue un 6,2 por ciento más lenta en el iPad y un 10,7% más lenta en el Kindle. Los participantes se quejaron del peso del iPady de la falta de contraste del Kindle, escribe Indvik. La compresnsión también se vio afectada, especialmente en el PC, con el que los participantes se quejaban de que les recordaba a las lecturas de trabajo.

La muestra era modesta, de unos 24 participantes (Indvik señala que "10 es una media aproximada de los empleados en un estudio de usabilidad) y está lejos de ser cocluyente. Pero las indicacioens son preocupantes: "Puedo imaginar a las universidades y negocios con menos simpatía por los e-readers si otros estudios prueban que suponen una rémora para la velocidad de lectura." Dice Indvik. Esto llega justo en el momento en el que las escuelas y las instituciones consideran cambiar del apel a los libros de texto digitales.

viernes, 2 de julio de 2010

Das cousas de Ramón Lamote

Como todo el mundo sabe, hay dos tipos de literatura infantil y juvenil, a saber: la buena y la mala. Esta misma división la tenemos en otros muchos casos, se da en la literatura adulta, por ejemplo, y también en las películas de kung-fu o en las técnicas de agrimensura.

Estos dos tipos de literatura, no son la literatura infantil por un lado y juvenil por el otro, claro, porque la literatura infantil y juvenil, como todo el mundo sabe también, son una sola literatura, la literatura que se escribe para un otro que no se considera un igual. Esto no quiere decir que la literatura infantil y juvenil sea la que se escribe para alguien que se considera inferior. Al menos no necesariamente. Quizás la verdadera distinción entre los dos tipos de literatura infantil y juvenil esté ahí, entre la que se escribe pensando en el niño -o joven- como un individuo inferior, un individuo por desarrollar para quien la literatura adulta -que pasaría a ser la literatura "de verdad"- es cualitativamente inalcanzable y la que se escribe pensando en el niño como una otredad totalmente particular. Un individuo en desarrollo, sin duda, pero cuya literatura específica atiende menos a esa particularidad que al ser que el niño ya es y que se mueve con códigos particulares que no sólo nos incumben por ser suyos, sino porque también han sido nuestros.

Recuerdo una frase de Bolaño que un día se quedaba asombrado delante de un niño que llora, y de quién sospecha -muy poeta él- que quizás sabe algo que nosotros hemos olvidado.

La mejor literatura infantil (es una opinión, claro) se puede dividir a su vez en la que tiende a la crueldad y la que tiende a la ironía. Normalmente la crueldad es más sutil que la ironía y es que, ahora que lo pienso, la palabra correcta no es crueldad, sino brutalidad, que es algo muy distinto. La brutalidad nunca es redundante ni repetitiva y la crueldad siempre es al menos una de las dos cosas. De hecho, la brutalidad redundante y repetitiva es una definición bastante aproximada de crueldad.

Contra lo que pueda pensarse, por lo general, la literatura infantil irónica suele ser más adecuada para edades más avanzadas. Es lógico, si se piensa, en cuanto que la ironía exige una articulación del sentido que no está en la brutalidad. Por supuesto, los grandes libros infantiles crueles son también los más irónicos y ahí están los Dähl, Sendak o Carroll.

Mi imaginario de literatura infantil y juvenil está condicionado por una colección de libros que había en mi casa titulada "Biblioteca de literatura infantil y juvenil" y que incluía a Twain, Quiroga, Daudet o Von Chamisso. Para mí estos han quedado como los libros infantiles por antonomasia, con solo dos añadidos: Goscinny -que lo conoce todo el mundo- y Paco Martín -que se le conoce mucho menos y es una pena, la verdad.

Paco Martín es un escritor gallego, de Lugo, además. Tiene una obra pequeña, de libros delgados y más de un personaje genial, aunque el que más destaca es Ramón Lamote, el protagonista de Das cousas de Ramón Lamote, que es uno de esos libros que todo niño o joven debería leer antes de olvidar algunas cosas importantes.

Ramón Lamote trabaja como profesor de un idioma inexistente, el Chairego. Terra Cha es una zona de Lugo y no sé si es intencionado o no, pero que un profesor lucense enseñe Chairego suena un poco como si un profesor madrileño enseñase Sierragrediano o un francés tuviese una licenciatura de Champagnés. Para complementar su salario se dedica a dibujar sueños. Pero Ramón Lamote no dibuja sueños algodonados ni fantasías moralistas. Tampoco pesadillas terribles. Ramón Lamote dibuja, más o menos, lo que le va saliendo, lo que va soñando, y lo dibuja con un desapego casi cínico y casi nihilista que, si uno lo piensa bien, está a punto de dar un poco de miedo.

Pero Ramón Lamote no da miedo en absoluto. Ramón Lamote simplemente es un hombre tranquilo, educado, que en un capítulo, puede pasarse media hora hablando con una señora gruesa que se ha sentado en la escalera que Don Ramón tiene que subir, sólo porque Ramón Lamote es un hombre tranquilo y educado al que le incomoda llamar la atención a la señoras gruesas sobre el hecho de que están bloqueando algunas escaleras importantes. También es capaz de calcular la aparición del legendario Replicante, una criatura que sólo aparece cada mil años.

El libro está compuesto, en realidad, de varias anécdotas que le suceden a Ramón Lamote en su vida ordinaria. Lo mejor del libro es, quizás, el diálogo irónico y mudo que se establece entre la voz narradora y el propio Ramón Lamote, que se burlan de la presunción con una sencillez lúcida y surrealista que, a mí, siempre me ha recordado un poco a algunos relatos de Woody Allen.

No sé si el mejor, pero creo que sí el más representativo, es el capítulo en el que Ramón Lamote se ve obligado a improvisar una conferencia completa en un local que, tendría que revisarlo, creo que se llamaba algo así como "el círculo de mujeres elegantes". Puede que me esté inventando el título, pero si alguien lee el título comprobará que esto no es culpa mía. El caso es que el bueno de Ramón Lamote se ve obligado a improvisar una conferencia completa que no ha preparado y, claro, en el apuro no se le ocurre otra cosa que inventar un animal fabuloso, totalmente inventado, al que llama "entomodelfo" y cuya descripción empieza así:

"o Entomodelfo, coñecido científicamente como Marsupictero Marsupictero, é un animal do que non sería esaxerado decir que é algo desgraciado nos seus primeiros tempos de vida se temos en conta que a nai, despois de poñer o único ovo cuatrienal (como ben saben vostedes non ten máis posibilidades de posta que o 29 de febreiro) vese instintivamente forzada a emigrar ó sudoeste asiático confiada en recuncar se se desen ben certas diferencias de calendario, polo que deixa a cría abandonada á súa sorte. Isto supón o primeiro trauma para o Entomodelfo, xa que a falla da nai e particularmente magoante, dada a súa condición de mamífero. […]"

La conferencia es divertida de por sí, pero lo característico del mundo de Lamote es el detalle final, cuando, al terminar la charla, una niña se acerca a nuestro conferenciante con un animal extraño y hermoso entre las manos, y a Ramón Lamote no le queda otra que reconocerlo como el entomodelfo más hermoso que haya visto jamás.

viernes, 25 de junio de 2010

Detalles hispanos

Ya me han reprochado (y con razón) que yo empecé este blog prometiendo tratar de libros y, hasta ahora, he hablado de todo menos de libros. El caso es que no me acabo de decidir, porque quisiera darle a este blog una cierta coherencia temática dentro de lo que es la literatura (o la bibliofilia) en general

El problema es que, mientras me decido, voy colgando entradas de vez en cuando y, claro, cada una habla de una cosa distinta y es peor el remedio de esperar que la enfermedad de precipitarse, por lo menos en términos de alcanzar cierta uniformidad temática.

Voy a hacer el propósito de que esta sea la última entrada que no trate directamente de lo que nos interesa. Ya tengo, además, los objetivos en mente y hasta tengo algún amigo al que tratar bien, cosa que, por suerte, voy a poder hacer sin nada de lo que avergonzarme.

La anterior entrada iba de política y me temo que esta va a seguir el mismo camino. Ya se sabe, hay que tocar fondo. El caso es que, como dicen en la tele, en capítulos anteriores comentaba yo la vergüenza que me producía nuestro presidente socialista, porque, incluso para quien no se considera en absoluto un socialista, su política se ha hecho poco digna de marcarse con una ideología de este tipo. El gobierno de ZP no es socialista, ni siquiera de izquierdas. Es un gobierno capitalista, sin más, y que conste que quien escribe esto no mantiene un blog paralelo en el que aboga por el advenimiento de la anarquía ni por cruzar con barricadas la avenida de los Jerónimos (que, bien visto, puede no ser mala idea) pero creo que este de "capitalista" es el adjetivo más exacto que se le puede dedicar a una política muchísimo más atenta a sobrevivir a los usos del sistema –el sistema electoral, el sistema económico- que a manejarlos o transformarlos. No digo yo que el socialismo sea eso, la transformación necesaria del sistema capitalista, porque eso sería como retroceder unos cuarenta años en la historia. Hoy sabemos que el socialismo puede y debe conformarse con ciertas situaciones, lo que inquieta algo más -o quizás ya no inquita, pero aún sorprende un poco- es que esa resignación se convierta en el punto central de una forma de socialismo. Un dato bastante ilustrativo de esta situación es que tanto Francia como Alemania, con sus gobiernos de izquierdas, han propuesto medidas de control a la banca y contra la especulación bursátil, mientras que el gobierno español se ha limitado a quejarse de lo terriblemente malos que son esos señores extranjeros que atacan al mercado español y que no son judeo-masones simplemente porque eso ya no se lleva.

También es verdad que en España no está el horno para bollos, ni tenemos ya mucho margen para quijotadas.

En fin, que las diferencias entre nuestro presidente socialista y "el otro" -"el otro", por cierto, es como yo le llamo a ese que pudo haber ganado y no ganó, pero todavía puede ganar, aunque ya veremos- es una forma de actuar y, sobre todo, de posicionarse, en ciertos temas sociales. Sucede con el matrimonio gay, por ejemplo, que no ha hecho más que legalizar una perogrullada como que dos personas del mismo sexo, que aportan al estado lo que este les exige como ciudadanos, tienen el derecho a recibir del estado las mismas ventajas que este concede a dos personas de distinto sexo. Digo que es de perogrullo porque, si la homosexualidad es legal -y creo que lo es- entonces disfruta de todos los derechos de la legalidad.

La diferencia, entonces, entre el presidente socialista y "el otro" es pequeña, pero está ahí. “El otro” aquí juega en terreno peligroso, porque sabe o intuye que hay ciertas cosas muy difíciles de atacar sin caer en anacronismos. La diferencia entre los dos es pequeña, pero muchas veces es la que nos salva de la indigencia moral absoluta. No es mucho, pero es algo. Puntualmente, en ocasiones, es bastante.

Todo esto viene al caso porque he recibido –no sé por qué- la sugerencia de unirme en una red social a una especie de cenáculo virtual que apoya la petición de elecciones anticipadas. El símbolo de este grupo de amigos y patriotas preocupados por el devenir nacional es un grupo de cuatro muñecos alrededor de una urna. Si uno se fija bien, los muñecos se dan la mano. Si uno lo mira deprisa, los muñecos parece que se han reunido alrededor de la urna para orinar.

Al parecer, el cenáculo en cuestión, está apoyado, o directamente creado, no lo sé, por la cadena COPE, que ya saben ustedes de quién es, de dónde viene (se la ve venir) y a dónde va. Este cenáculo se presenta con un manifiesto extraordinariamente vago, cosa que, la verdad, no extraña demasiado. Está escrito en el idioma de las dos Españas, que es un idioma parecido al castellano, sólo que adaptado a un uso particular. Igual que el alemán fue evolucionando hasta convertirse durante el S XIX en un arma lógica de filo místico-folclórico (ya sabemos cómo acabó aquello) el castellano de las dos Españas es un idioma extraño, o dos idiomas extraños, sofisticados como un cuento oriental. Dos idiomas que son tan idénticos que no se pueden reconocer a sí mismos y que han ido evolucionando hasta convertirse en una herramienta perfecta, capaz de retorcer hasta la metafísica cuestiones como la economía, las matemáticas y hasta la geología, si fuese menester.

Uno de los párrafos del manifiesto dice literalmente:

Se ha producido un distanciamiento muy peligroso para la vida democrática entre su legitimidad formal y su legitimidad real.

Otra diferencia entre el presidente socialista y "el otro" es que éste aún no ha sabido romper con esto. Y puede que hasta quiera, pero también puede que no. En cualquier caso, no lo ha hecho, que ya es bastante. Eso de decidir quién tiene legitimidad formal y quién tiene legitimidad real es bastante peligroso. Yo he usado expresiones parecidas en algún momento, porque sí creo que un gobierno, aunque sea un gobierno democrático, no está legitimado para gobernar con el único límite de la constitución. También creo que la constitución es un límite muchas veces demasiado rígido, pero esto me parece un mal necesario.

Un gobierno, por ejemplo, no está legitimado para ceder soberanía nacional, por eso el proceso europeo es tan peliagudo y por eso tienen algo de agresión oligárquica. Un gobierno tampoco está legitimado para declarar una guerra no defensiva ni para comprometer el futuro nacional en cuestiones como sanidad o educación. Un gobierno no está legitimado para vender territorio nacional.

Escogemos nuestros gobiernos para gestionar la riqueza de la nación y para representarla a nivel internacional. Luego lo que haga el gobierno puede gustar más o menos, pero la democracia es el arte de saber chincharse. Este es el juego. Poner en duda la legitimidad real de un gobierno es otro juego distinto, uno más peligroso en el que la legitimidad ya no está marcada por textos y normas sino por la inspiración, el bullicio y la bronca. De esto no se ha sabido separar "el otro" y esto puede ser importante o no. En algunos momentos puede que sea cuestión de detalle, pero cuando las cañas se convierten en lanzas recordamos que Dios está en los detalles.

viernes, 18 de junio de 2010

Europa avala las "valientes y efectivas" medidas de Zapatero

El título, además de un título, es un titular. Concretamente un titular de "El País". Sección de
economía.

La historia empieza más o menos así: hace años algunos españoles decidieron votar a un presidente socialista. Algunos lo hicieron por convicción. Otros, muchos, casi por necesidad, asqueados por la falta de catadura
moral del anterior presidente. Lo más inmediato -que en este país se puede leer como "lo más decisivo"- fue la charada mezquina que desplegaron días después del famoso atentado, pero antes hubo más. La adulación indigna hacia un presidente cuya máxima virtud -porque en él era una virtud- era lindar peligrosamente con el retraso mental. La chulería de la segunda legislatura, cuando, poco a poco, se fue revistiendo de una vanidad que en los buenos momentos quería ser chusca y en lo malos momentos era como un sopapo húmedo en la cara. La guerra, el ninguneo de la educación pública y de sus foros de opinión...

Al final casi nada de esto tuvo mucha importancia. Al final la gente se reveló, un poco por indignación, un poco por rabia y un poco porque al fin y al cabo, había que cambiar, cosa que a esta España nuestra siempre le ha sido un poco fastidioso, pero bueno, como había que hacerlo, algunos españoles bienintencionados pensaron que, puestos a meter los pies en el río, a lo mejor hasta se podía pescar algo.

Eran buenos tiempos. Había dinero para todo, o para casi todo. Los índices de investigación en España seguían -y siguieron- siendo alarmantemente bajos y estoy seguro de que la biblioteca de mi barrio no ha tenido ninguna mejora desde, por lo menos, el 86. Pero había dinero, y había un gobierno socialista -repito, un gobierno socialista- que cogía ese dinero y lo repartía equitativamente entre los españoles. Equitativamente, como ustedes saben, no significa "a cada uno según sus necesidades" sino, "igual para todos", que es un principio básico del socialismo. Si tiene usted un hijo, 2500 euros, y no importa que tenga todo el dinero que le haga falta, o que sea usted, digamos, el príncipe de Asturias. Recibirá su dinero, quizás porque su hijo es tan bueno como los demás, quizás porque su voto vale lo mismo que el de cualquiera.

En aquellos buenos años había un problema en boca de todos: el de la vivienda. Yo recuerdo que, cuando hablaba con amigos extranjeros, al final siempre acabábamos tocando el tema de la vivienda. Con los españoles también, claro, pero ya se da un poco por supuesto. Llegaban informes desde todos los organismos internacionales que avisaban de que la economía española era demasiado dependiente de un sector que era una pura burbuja especulativa, que había que diversificar, que aquello no podía durar, que miren señores que el coscorrón va a ser de campeonato. La construcción en España levantaba, ella solita, más viviendas que en Francia, Italia y Alemania juntas. Había viviendas vacías y gente sin techo. Suena demagógico, pero es una descripción muy exacta. Había casas guardadas como monedas en un cofre, compradas como inversión y conservadas entre algodones mientras la población joven de este país no podía afrontar hacerse con una vivienda porque implicaba gastarse más del 70% de su sueldo. La vivienda se transformó en un objeto especulativo, y siempre sorprende recordar ahora que había especulación antes de que los temibles buitres financieros extranjeros (porque son extranjeros) comenzasen con su inmotivado y pérfido ataque a la economía española.

El problema de la vivienda disputó durante mucho tiempo los primeros puestos en las listas de preocupaciones de los españoles. Esos rankings que son como los cuarenta principales del desvelo nacional. Aún así, el gobierno socialista no subió los impuestos a los que más tenían. No aumentó las tasas a quienes tenían una segunda (o tercera, o cuarta) vivienda. En lugar de ello, repartió dinero, no a todos, pero sí equitativamente: 250 euros para quien los pueda conseguir. Nada de porcentajes ni zarandajas. Así es más fácil de entender y se vota más descansado.

Los buenos tiempos pasaron y llegó la crisis. Volvimos a votar a un gobierno socialista pero ya con la sensación de que, en realidad, no había mucho más que escoger. Puestos a elegir a un muerto, al menos este tenía experiencia. Se puso en marcha el plan E, una lluvia de millones destinados a poner parches en aquellos sectores que estaban sufriendo la contracción con más fuerza. El primero de ellos, la construcción, así que los millones de la crisis, el dinero del fondo del calcetín, acabó llegando a los mismos tipos altos que lo recogían a capazos cuando el oro llovía y se quedaba en las copas de los árboles.

La lluvia de millones terminó. Alguien nos dice que se ha gastado demasiado dinero, y es verdad, así que nuestro gobierno socialista pone en marcha un plan equitativo. Para empezar, hay que subir los impuestos, así que, en justicia, se hace equitativamente, lo mismo para todos, que para eso está el IVA. Ustedes ya sabrán que tenemos una de las tasas de IVA más bajas de Europa. Lo sabrán porque se lo han dicho un par de veces. Quizás también sepan que nuestros sueldos están entre los más bajos y que tenemos tasa de desempleo que en Francia habría hecho arder la Bastilla. Quizás también sepan que los desempleados no pagan otros impuestos, pero vaya usted con su carnet de paro a pedir que le descuenten el IVA en el Mercadona.

Como eso no basta, se baja el sueldo de los funcionarios -que es muy fácil- y se congela el de los pensionistas -que es algo más dificil, pero ya se sabe, para hacer una tortilla...

Ahora, al parecer, el mundo financiero está entusiasmado con el coraje de nuestro presidente socialista. Europa dice que son "valientes y efectivas". Europa, por si ustedes no se han dado cuenta, ha pasado a significar Merkel y Sarkozy, que son una señora y un señor más bien de derechas. Muy por detrás de ellos Cámeron, pero muy muy por detrás. También está el FMI aplaudiendo las medidas de nuestro presidente socialista. El señor con el que se saluda en la fotografía, es el democristiano Juncker. La derecha europea en pleno aplaude la valentía de nuestro presidente socialista que, la verdad, hasta es posible que haya hecho lo único que podía hacer una vez llegados a este punto. Las preguntas son: ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Para esto se ha votado a un gobierno socialista? ¿En qué hemos cambiado respecto al servilismo anterior? Antes se adulaba a un poder al otro lado del Atlántico. Se siguieron ciegamente sus consignas, también cuando fueron cantos de guerra. Ahora se adula a un poder europeo y a un poder económico. No hay guerra. Si la hubiese, sería una guerra económica y a esa guerra nuestro presidente socialista o bien no ha acudido, o a presentado sus armas, humilde, sonriente.

Perdónanos, señor, porque hemos pecado.

Pd: Además hoy se ha muerto Saramago. Nunca me gustó su literatura, ni tampoco su pose intelectual, pero al menos parecía un tipo capaz de sentir vergüenza, aunque sea vergüenza ajena, y visto lo visto todo lo que huela a vergüenza nos va a hacer mucha falta.

jueves, 10 de junio de 2010

Is internet making us stupid?


Es casi un clásico. El título ya hace mucho, porque es una mezcla de provocación y amenaza.

En el año 2008 Nicholas Carr publicó su artículo "Is google making us stupid". En él compartía con sus lectores una sospecha terrible, la de que, desde unos meses atrás, el uso de internet, la lectura fragmentaria, el hecho de saltar de un pedazo de información a otro estaban acostumbrando a su cerebro a un modo de pensar distinto. Según Carr, desde hacía un tiempo venía notando que le costaba más concentrarse, que le era más dificil seguir argumentaciones extensas y que era incapaz de mantener el interés en un texto más allá de las cuatro o cinco páginas. En resumen, Carr constató, con noble preocupación, que se estaba convirtiendo en un estúpido.

Nicholas Carr no es un alérgico a la tecnología. No es alguien a quien uno se pueda imaginar bajando en patines calle abajo mientras lanza al viento panfletos que abogan por la rebelión contra las máquinas. El señor Carr es un escritor preocupado que constata el hecho de que la herramienta más maravillosa que ha encontrado nunca para su trabajo (la web) tiene un doble filo mortal. Sus teorías no están basadas en runas encontradas en las manchas de humedad de su alfombrilla de baño, sino en las teorías de McLuhan, ese señor que, desde el chiste de Woody Allen, ya nadie se atreve a explicar, pero que, en términos generales, hablaba de que los medios no son pasivos, sino que por su naturaleza, por su esencia, por el modo en el que llegan hasta nosotros determinan la forma de nuestro pensamiento.

Que internet es un medio fragmentario está bastante claro. Es su esencia, de hecho. Costará explicarles a los estudiantes del futuro que internet no nació para tener un sitio en el que poner el Youtube, sino como una herramienta de hipertexto inventada por un físico académico allá por los años 80. Es decir, que internet es, ante todo, una herramienta de hipertexto, su idea original es la unión de elementos y, por tanto, de fragmentos de una información mayor. Como hoy el texto se ha reducido e internet es una herramienta cada vez más compleja desde el punto de vista de su composición, habrá que empezar a hablar de una red hipersemántica, en lugar de una red hipertextual, pero, en cualquiera de los dos casos, el fondo de la cuestión es que su naturaleza es conectar contenidos.

Cada vez que leemos un texto en internet estamos rodeados de millones de tentaciones de saltar a otro y a otro y luego a otro más. Eso sin contar las tentaciones (distracciones) adicionales, que nada tienen que ver con el texto, como las pantallas que asaltan periódicamente con la promesa de ganar cien mil euros en el casino de montecarlo con sólo cinco minutos de tu tiempo, un poco de candidez y el pin de tu tarjeta de crédito.

Las grandes compañías, por cierto, parece que también se están dando cuenta de esto. La última versión de Safari incluye un botón que elimina todos los elementos gráficos de la página.

Es muy dificil de sostener que un medio como internet, que no sólo influye en nuestro ocio, como sucedía con la televisión, sino también en nuestro trabajo, en nuestras compras, etc no tenga una influencia decisiva en nuestro modo de pensar. La polémica se centraría más bien en dos cuestiones derivadas de la influencia de Internet sobre nuestra forma de pensar.

En primer lugar, está la cuestión de hasta qué punto es profunda esta modificación, de si se trata de un mero cambio de conducta o internet está afectando realmente a nuestras estructuras mentales. Gary Small, investigador de la Universidad de la Universidad de Californa, afirma que nuestro cerebro nunca había sufrido estímulos que hubiesen cambiado tan rápidamente su forma de trabajar. En este sentido parece apuntar claramente a la primera vía. En cambio, otros estudios afirman que estos cambios son más o menos profundos según nuestras acciones, es decir, que todavía dependen de las circunstancias y, por tanto, de nuestro modo de enfrentarlas (esto es, de la conducta). Hussein Hirjee, de la Universidad de Waterloo ha escrito un trabajo en el que demuestra sin ningún género de dudas que visitar ciertas páginas (como Facebook) afecta a nuestra concentración y nuestra memoria. En cambio, otras (como Youtube) no tienen un efecto particularmente negativo sobre estos ámbitos.

Queda una segunda cuestión, la de si estos cambios son una mera degradación de nuestros procesos mentales o una evolución de los mismos. ¿Si perdemos capacidad de concentración, ganaremos a cambio capacidad para interrelacionar conceptos? ¿Puede imitar el cerebro a la máquina? ¿Caminamos quizás hacia un mundo cibernético?

miércoles, 9 de junio de 2010

Piratas

La semana pasada supimos -porque alguien nos lo dijo- que la industria cultural española ha perdido 5000 millones de euros en el segundo semestre del 2009 por culpa de la piratería digital. Ya se sabe, ahora la gente está muy sensibilizada con esto del dinero y en seguida uno se pone a echar cuentas de, por ejemplo, cuántos ingresos habrían supuesto para el estado ese montón de millones pasando de forma adecuada por los filtros correctos, de cuántos puestos de trabajo no se habrán perdido. Uno se pone a calcular si hubiese sido suficiente al menos como para no congelar las pensiones de los jubilados, o para que la I+D+I en España llegase a ser más del 1.1% del total de la Unión Europea...

Yo no estoy demasiado al corriente de los medios de información. No es para estar orgulloso, pero es así. La actualidad es aburrida (o, dicho en formato chiste, actualmente la actualidad es aburrida). A veces escucho la radio camino del trabajo o miro los titulares de los periódicos, pero no más. Sin embargo escuché esta cifra machaconamente a lo largo de un día. Y, claro, da que pensar.

Da que pensar también el hecho de escuchar cinco veces un dato en un día y, sin embargo, no conseguir recordar qué sistema han utilizado para alcanzar esa cifra, qué fuentes han utilizado, en qué basan esas cifras. Por curiosidad he buscado la noticia en internet y, de nuevo, es muy fácil encontrarla, pero no hay ni rastro del sistema utilizado.

Puestos a mirar los datos con detenimiento, hay algunos que sorprenden. Por ejemplo, parece ser que, por sectores, el libro digital es uno de los menos afectados, con un 19.7%, lo que supone, según este estudio, unos doscientos millones de euros. Es decir, que según este estudio, el libro digital ha movido el semestre pasado en nuestro país ochocientos millones de euros. Supongo que la cifra se refiere únicamente a contenidos digitales, puesto que los aparatos, por ahora, parece que no están al alcance de la piratería.

Ochocientos millones de euroes es una cifra nada desdeñable que me hace releer con vergüenza una entrada que colgué aquí hace un par de días en la que, en un despliegue de ignorancia, decía yo que el libro digital no ha triunfado todavía en este país. Para esta reflexión me basaba en el, tengo que reconocerlo, escasamente científico sistema de ver cuántos libros digitales se ven por la calle.

En mi descargo diré que no tengo acceso a los eficientes estudios de mercado que barajan estos señores. Ahora sé que, cada español, se ha gastado -o debería haberse gastado, si no fuese por ese maldito 19,7 por ciento de piratas- en torno a veinte euros en libros digitales el año pasado. Es decir, que si usted no se ha gastado ni un duro en libros digitales durante el segundo semestre del 2009, debe saber, en primer lugar, que es un bicho raro y que ya iba siendo hora de que alguien se lo dijese, y en segundo lugar que el señor/a que tiene al lado en el despacho, o su vecino/a de abajo, o el tipo que siempre saca a pasear al perro a la hora a la que usted se va a trabajar y sigue paseando al perro a la hora de la que usted vuelve de trabajar, y del que usted siempre se ha preguntado con qué horarios se maneja, cualquiera de ellos se ha exprimido el bolsillo hasta llegar a los cuarenta euros para compensar su desidia cultural-digital. Como a esto tenemos que añadir a los niños menores de cinco años y a los tipos que consideran que las cualidades estéticas de un coche se miden en neones x cm cuadrado -ambos se desacartan por las mismas razones- comprobaremos que la cantidad es aún mayor.

Por supuesto, el sector más desfavorecido es el musical. Es más, uno casi tiene la tentación de leer el informe pensando que, quien lo ha hecho, tiene algún interés en presentar a la industria musical como los pobres huerfanitos de este cuento, envueltos en un aura de pobreza dickensiana. El caso es que, hace pocos días, aparecía una noticia en el país que decía que los ingresos generados por la industria musical no habían variado entre 2005 y 2008. Además, son muchos los que comentan que la música más o menos independiente no había estado nunca tan activa y antes de la crisis, por ejemplo, los conciertos abundaban tanto y se pagaban de tal manera que algunos festivales dieron la voz de alarma por los precios disparatados que las bandas estaban imponiendo por sus actuaciones.

Esto no quiere decir que no haya gente que pierda dinero con este asunto de la piratería. Hay gente que pierde muchísimo dinero y que sólo lo recupera en parte con esos extraños cánones impuestos sobre los sistemas de grabación digital, acerca de los cuales Europa ya ha dado un toque da tención diciendo que eso de que una compañía privada imponga un impuesto a una serie de aparatos que, por ejemplo, todas las empresas necesitan para sus labores administrativas, es una cuestión bastante peliaguda.

Entre la gente que está perdiendo dinero con todo este asunto de la piratería, están los músicos,claro. Algunos más que otros, por supuesto. Pero quienes más están perdiendo son, sin duda, las compañías discográficas. De nuevo, unas más que otras. Quienes más están perdiendo en todo este asunto son aquellas supercompañías discográficas que todos los años tenían uno, dos, tres de sus discos en las listas de los más vendidos del año y que, durante un par de lustros, vieron cómo su negocio parecía una máquina invulnerable de hacer dinero. Precisamente, esas listas de "los más vendidos" se convirtieron en uno de los totems del modelo de negocio que privilegiaban estas compañías. Un modelo en el que unos pocos discos alcanzaban unas ventas disparatadas, mientras el resto apenas existía. Las compañías alentaban este sistema, porque permitía, por ejemplo optimizar sus maquinarias de marketing centrándose en una o dos mega-estrellas, en tiempos en los que era imposible hacerse famoso con Youtube.

Estas discográficas llegaron a tener un dominio del mercado tan fabuloso, que practicamente podemos decir que escogían qué discos serían los más vendidos del año. Dentro de unos márgenes, por supuesto, en cuanto que hay que añadir a la ecuación, al menos, el factor de la competencia entre estas mismas grandes productoras. Al margen de eso, sólo hay que ver las listas de discos más vendidos entre 1990 y 2005 para darse cuenta del inmenso poder que estas empresas tuvieron sobre el gusto del público.

Esto, al final, nos lleva a la cuestión de qué hicieron estas superempresas con el poder que el mercado les había dado. Qué camino decidieron tomar cuando se vieron en esta posición de mando sobre el gusto musical de toda una generación. Pues bien, las compañías decidieron no hacer nada. O mejor dicho, decidieron sacar rendimiento a un público cuya mejor virtud era la de comprar de forma masiva un producto determinado. Tengo un amigo que afirma que quienes solían comprar música lo siguen haciendo, y que quienes han dejado de comprar son aquellos a los que la música les importa un bledo, los que se compraban cada semana el CD de Operación Triunfo, sin más razón que era lo que tocaba en ese momento.

Yo no me atrevería a decir tanto. Quizás alguien que se compraba cada semana el CD de operación triunfo sí podía ser un amante de la música. Ahora bien, lo que está claro es que el CD de operación triunfo (y si lo cito tanto, no es por que le tenga una manía especial, sino porque encabezó las listas de ventas de este país durante muchas semanas y me sirve como ejemplo en muchos sentidos) no es el tipo de música que se compra alguien que tenga una inquietud por descubrir experiencias nuevas con la música. El CD de operación triunfo no dejaba de ser un ejemplo perfecto del tipo de mercado que se fomentaba, un mercado muy atento a la publicidad, que quedaba satisfecho con escuchar versiones de canciones, cantadas por postadolescentes que se les habían hecho familiares gracias a la televisión. El público objetivo era el de aquellos que habían cambiado el gusto por la costumbre, entendiendo que esto no es una crítica a un gusto determinado, sino a la renuncia a tener un gusto propio.

Ese era el público que las discográficas habían ayudado a crear. Operación Triunfo perfeccionó el método que habían utilizado durante años las radiofórmulas; un público acomodado, que, a la hora de comprar, se decidiese invariablemente por alguno de los diez discos previstos para alcanzar el número uno de ventas, con sonidos cada vez más parecidos, con cantantes cada vez más parecidos, con canciones que eran, de forma explícita o implícita, versiones de canciones.

El resultado es la música pop de los noventa y de la primera década del milenio.

Hoy las discográficas y los cantantes que las acompañan se echan las manos a la cabeza. Por supuesto, nadie podía haber previsto el rumbo que tomaría internet allá por los 90, cuando el CD tuvo su eclosión. Pero hay algo de justicia poética en ver cómo se derrumban aquellos gigantes que despreciaron y maltrataron de tal forma la disciplina para la que trabajaban. Creo que es un fenómeno que no se dió de forma tan flagrante en el cine o en la literatura. La industria cinematográfica se volvió acomodaticia, desde luego. Lo pagó en su momento, lo sigue pagando y probablemente le lleguen tiempos aún peores. Pero siempre permitió vivir dentro de ella, dentro de Hollywood, en el epicentro de la comercialización de su arte, a una serie de individuos extraños, cuyo talento les redimía de sus excentricidades. Tipos peculiares, pero que no vivían de su peculiaridad (como algunas estrellas del pop) sino que sobrevivían a ella para hacer películas.

En literatura, que es el arte de los extravagantes y los solitarios, siempre ha habido editores valientes, que se han atrevido a sacar al mercado libros a sabiendas de que no llegarán a ser rentables comercialmente, que no justificarán el trabajo empleado y que quizás sean hasta caros, pero los editan igualmente porque saben que son libros necesarios. Libros que puedan mover las ruedas del sistema, del canon, y hacer que la máquina se desperece una vez más y eche a andar, mientras a los espectadores nos asombra que ese montón de hierros retorcidos, apelmazados de manera ridícula, de los que se diría que ni siquiera debería tener la capacidad de echarse a andar. El resultado es un público que sigue comprando libros, un público lector que, con todos sus defectos y son muchísimos, por cierto, es infinitamente más arriesgado que el público musical. El resultado es un futuro más esperanzador para el libro, e incluso el libro en papel, del que tiene la música.

Entiendo que pueda parecer una postura inocente y me parecerá razonable cuando alguien me responda que las verdaderas vacas flacas al mundo editorial están por llegar, que el desembarco pirata aún no se ha producido. Pero la realidad es que hoy ya hay una cantidad tremenda de libros digitalizados, y se sigue comprando en papel. La realidad es que el público al que le gusta el libro también le gusta el formato en el que está el libro, que hay cierta identidad entre el receptor y el objeto y eso le da al objeto una posibilidad de supervivencia. El vinilo, por ejemplo, también consiguió cierta identidad propia y eso le ha dado algo de vida extra. El CD, en cambio, morirá sin remedio.

Por supuesto que en literatura existen ventajas añadidas. Por ejemplo, el hecho de que la literatura esté mucho más institucionalizada a nivel cultural que la música (y no digamos que la música pop). No es labor de las grandes discográficas formar el gusto de su público, pero, tal vez si hubiesen ayudado a crear un público más amplio, si hubiesen utilizado aunque sólo fuese una parte de esa tremenda capacidad de influencia en alentar la curiosidad de la gente, el negocio podría haberse reconducido de forma mucho más provechosa: hacia los conciertos, hacia las ediciones cuidadas... Se confundió al fan con el fiel. Se confundió la música con el espectáculo. El público compraba espectáculo, moda, costumbre. Hoy todo eso lo tiene gratis y es muy dificil pedirle que haga el favor de pagar por la música.

A muchos músicos, por cierto, les va mejor así.