
El título, además de un título, es un titular. Concretamente un titular de "El País". Sección de
economía.
La historia empieza más o menos así: hace años algunos españoles decidieron votar a un presidente socialista. Algunos lo hicieron por convicción. Otros, muchos, casi por necesidad, asqueados por la falta de catadura
moral del anterior presidente. Lo más inmediato -que en este país se puede leer como "lo más decisivo"- fue la charada mezquina que desplegaron días después del famoso atentado, pero antes hubo más. La adulación indigna hacia un presidente cuya máxima virtud -porque en él era una virtud- era lindar peligrosamente con el retraso mental. La chulería de la segunda legislatura, cuando, poco a poco, se fue revistiendo de una vanidad que en los buenos momentos quería ser chusca y en lo malos momentos era como un sopapo húmedo en la cara. La guerra, el ninguneo de la educación pública y de sus foros de opinión...
Al final casi nada de esto tuvo mucha importancia. Al final la gente se reveló, un poco por indignación, un poco por rabia y un poco porque al fin y al cabo, había que cambiar, cosa que a esta España nuestra siempre le ha sido un poco fastidioso, pero bueno, como había que hacerlo, algunos españoles bienintencionados pensaron que, puestos a meter los pies en el río, a lo mejor hasta se podía pescar algo.
Eran buenos tiempos. Había dinero para todo, o para casi todo. Los índices de investigación en España seguían -y siguieron- siendo alarmantemente bajos y estoy seguro de que la biblioteca de mi barrio no ha tenido ninguna mejora desde, por lo menos, el 86. Pero había dinero, y había un gobierno socialista -repito, un gobierno socialista- que cogía ese dinero y lo repartía equitativamente entre los españoles. Equitativamente, como ustedes saben, no significa "a cada uno según sus necesidades" sino, "igual para todos", que es un principio básico del socialismo. Si tiene usted un hijo, 2500 euros, y no importa que tenga todo el dinero que le haga falta, o que sea usted, digamos, el príncipe de Asturias. Recibirá su dinero, quizás porque su hijo es tan bueno como los demás, quizás porque su voto vale lo mismo que el de cualquiera.
En aquellos buenos años había un problema en boca de todos: el de la vivienda. Yo recuerdo que, cuando hablaba con amigos extranjeros, al final siempre acabábamos tocando el tema de la vivienda. Con los españoles también, claro, pero ya se da un poco por supuesto. Llegaban informes desde todos los organismos internacionales que avisaban de que la economía española era demasiado dependiente de un sector que era una pura burbuja especulativa, que había que diversificar, que aquello no podía durar, que miren señores que el coscorrón va a ser de campeonato. La construcción en España levantaba, ella solita, más viviendas que en Francia, Italia y Alemania juntas. Había viviendas vacías y gente sin techo. Suena demagógico, pero es una descripción muy exacta. Había casas guardadas como monedas en un cofre, compradas como inversión y conservadas entre algodones mientras la población joven de este país no podía afrontar hacerse con una vivienda porque implicaba gastarse más del 70% de su sueldo. La vivienda se transformó en un objeto especulativo, y siempre sorprende recordar ahora que había especulación antes de que los temibles buitres financieros extranjeros (porque son extranjeros) comenzasen con su inmotivado y pérfido ataque a la economía española.
El problema de la vivienda disputó durante mucho tiempo los primeros puestos en las listas de preocupaciones de los españoles. Esos rankings que son como los cuarenta principales del desvelo nacional. Aún así, el gobierno socialista no subió los impuestos a los que más tenían. No aumentó las tasas a quienes tenían una segunda (o tercera, o cuarta) vivienda. En lugar de ello, repartió dinero, no a todos, pero sí equitativamente: 250 euros para quien los pueda conseguir. Nada de porcentajes ni zarandajas. Así es más fácil de entender y se vota más descansado.
Los buenos tiempos pasaron y llegó la crisis. Volvimos a votar a un gobierno socialista pero ya con la sensación de que, en realidad, no había mucho más que escoger. Puestos a elegir a un muerto, al menos este tenía experiencia. Se puso en marcha el plan E, una lluvia de millones destinados a poner parches en aquellos sectores que estaban sufriendo la contracción con más fuerza. El primero de ellos, la construcción, así que los millones de la crisis, el dinero del fondo del calcetín, acabó llegando a los mismos tipos altos que lo recogían a capazos cuando el oro llovía y se quedaba en las copas de los árboles.
La lluvia de millones terminó. Alguien nos dice que se ha gastado demasiado dinero, y es verdad, así que nuestro gobierno socialista pone en marcha un plan equitativo. Para empezar, hay que subir los impuestos, así que, en justicia, se hace equitativamente, lo mismo para todos, que para eso está el IVA. Ustedes ya sabrán que tenemos una de las tasas de IVA más bajas de Europa. Lo sabrán porque se lo han dicho un par de veces. Quizás también sepan que nuestros sueldos están entre los más bajos y que tenemos tasa de desempleo que en Francia habría hecho arder la Bastilla. Quizás también sepan que los desempleados no pagan otros impuestos, pero vaya usted con su carnet de paro a pedir que le descuenten el IVA en el Mercadona.
Como eso no basta, se baja el sueldo de los funcionarios -que es muy fácil- y se congela el de los pensionistas -que es algo más dificil, pero ya se sabe, para hacer una tortilla...
Ahora, al parecer, el mundo financiero está entusiasmado con el coraje de nuestro presidente socialista. Europa dice que son "valientes y efectivas". Europa, por si ustedes no se han dado cuenta, ha pasado a significar Merkel y Sarkozy, que son una señora y un señor más bien de derechas. Muy por detrás de ellos Cámeron, pero muy muy por detrás. También está el FMI aplaudiendo las medidas de nuestro presidente socialista. El señor con el que se saluda en la fotografía, es el democristiano Juncker. La derecha europea en pleno aplaude la valentía de nuestro presidente socialista que, la verdad, hasta es posible que haya hecho lo único que podía hacer una vez llegados a este punto. Las preguntas son: ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Para esto se ha votado a un gobierno socialista? ¿En qué hemos cambiado respecto al servilismo anterior? Antes se adulaba a un poder al otro lado del Atlántico. Se siguieron ciegamente sus consignas, también cuando fueron cantos de guerra. Ahora se adula a un poder europeo y a un poder económico. No hay guerra. Si la hubiese, sería una guerra económica y a esa guerra nuestro presidente socialista o bien no ha acudido, o a presentado sus armas, humilde, sonriente.
Perdónanos, señor, porque hemos pecado.
Pd: Además hoy se ha muerto Saramago. Nunca me gustó su literatura, ni tampoco su pose intelectual, pero al menos parecía un tipo capaz de sentir vergüenza, aunque sea vergüenza ajena, y visto lo visto todo lo que huela a vergüenza nos va a hacer mucha falta.
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