Las modas no son solo modas. Las modas son modas y contramodas aunque esta es una afirmación de esas un poco peligrosas. Evidentemente, no son peligrosas porque sean el tipo de proposiciones que desplomen los mercados o alienten a la población a convertirse al nacionalsocialismo -que no debemos olvidar que tuvo mucho de moda, en casi todos los sentidos-, sino porque abren la posibilidad de un bucle infinito (la contramoda es una moda que abre una contramoda, etc) que, además de poco práctico, es de una idiotez alarmante, puesto que si las consecuencias que se deducen de una afirmación resultan tan poco interesantes, cabe sospechar también del interés que pueda tener la idea inicial.
Pero esto ya es entrar a un tema que se desvía del que me ocupa.Aquí nos dedicaremos los próximos días a hablar del libro digital que, como todos sabemos, es un tema muy poco original y, por tanto, completísimo para ir abriendo boca.
El libro digital es, sin duda, uno de los temas recurrentes hoy en día en cualquier conversación civilizada. Es un tema que resulta de lo más apropiado porque, para empezar, introduce una temática cultural, que siempre es de agradecer. Puede que el libro digital se parezca a una Game-Boy de aquellas que salieron al mercado cuando yo era niño y que, entonces, nos parecían un insuperable despliegue tecnológico, -aunque hoy en lo que a tecnología se refiere, no nos parece más reseñable que un molinillo de café o la piedra del mechero- pero no deja de ser un libro y eso siempre da cierto tono a una conversación.
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